El perverso y oculto enemigo

¿Estaría coartando la libertad de prensa un editor si se niega a publicar un comunicado de la Asociación Mundial de Pedófilos, a través del cual se explica por qué sus integrantes depredan sexualmente a niños que quedarán destruidos de por vida? ¿Acaso lo haría si tampoco difundiera en su medio un comunicado del Cartel de Sinaloa en México, mediante el cual los capos del narcotráfico justifican la decapitación de civiles y policías?

Nadie en su sano juicio opinaría en contrario a esas decisiones. Por eso, para contrarrestar el pensamiento único, es hora de incluir de una vez en esa lista de indeseables e inmorales a las Calificadoras de Riesgo, empresas al servicio de los banqueros que literalmente asesinan a millones de seres humanos con sus «notas» a naciones al informar sobre la marcha de una economía mundial que se despedaza.

Sin embargo, todos los días esos engendros ocupan titulares en diarios de derecha, como no podía ser de otra forma, y también de izquierda para desconcierto de gente que intenta pensar.

En la víspera, por ejemplo, se titulaba: «Standard & Poor’s» baja la nota de la deuda argentina» y el colgado abundaba «Estrés fiscal. Por choques externos y domésticos».

El comunicado de la calificadora fue enviado a la agencia AFP en Buenos Aires y por cierto no tiene desperdicio y demuestra la hipocresía de estos individuos.

Veamos.

En su primer párrafo expresa «que se baja la nota de la deuda argentina de B/B a B-/C, debido al deterioro económico y político del país». Con tono monacal (tal el desprecio a la inteligencia ajena) agrega «esta baja refleja nuestra fuerte preocupación respecto del deterioro del contexto económico y político en Argentina y del estrés fiscal que resulta de ello».

Hasta ahí la calificadora no dice nada en concreto, aunque a los llantos abre el lanzallamas para agregar más miedo al miedo, ya que dos meses antes había repetido la operación de bajarle la nota a la deuda argentina.

En su segundo párrafo, la calificadora revuelve un poco más la llaga y elimina toda esperanza de los argentinos: «los analistas» aseguran «una desaceleración muy nítida del crecimiento argentino debido a los choques externos y domésticos».

Ciertamente la calificadora se debe referir a la inminente guerra entre Argentina y Uruguay por culpa de Botnia o a la masacre que se producirá en La Bombonera (se calcula que los muertos rondarán los 180 mil, un poco más que la capacidad del estadio) cuando se enfrenten nuevamente Boca y River.

Recién en el tercer párrafo va a la médula para cumplir con sus mandantes. En ese sentido, la calificadora critica la decisión del gobierno de Cristina Kirchner de estatizar el sistema previsional de capitalización privada (como si en Uruguay se hiciera lo mismo con las AFAP). «Hizo temblar a los mercados financieros locales y la confianza en general», afirma en su comunicado.

Sin recato alguno la calificadora deja pasar por alto que el tembladeral a nivel mundial lo provocó Estados Unidos y que Argentina lo único que hace es defender a los jubilados y jubilables al ponerles un freno a los especuladores que se apropiaron de los ahorros previsionales y se llevaron para sus casas algo así como 7 mil millones de dólares. Como la decisión del gobierno argentino fue un balde de agua helada para los banqueros de quienes dependen esa y otras calificadoras, en su último párrafo advierte «va a necesitar (el gobierno) un compromiso político fuerte, en particular debido a la falta de acceso de Argentina a los mercados financieros internacionales y de cierta inestabilidad para emitir los bonos del Tesoro en el mercado local».

Las economías de los países de América Latina deben reconocer a sus enemigos. Las calificadoras de riesgo, creadas no hace muchos años, no son otra cosa que un instrumento ideado por los especuladores, pero que ya han colaborado en provocar daños irreparables a pueblos enteros. Todo lo que dicen es mentira y sólo tienen un objetivo: servir a los banqueros para que la brecha entre ricos y pobres se mantenga y en lo posible se ensanche. Por eso son despreciables y llegará el día en que los ideólogos y operadores de este maldito fenómeno serán enjuiciados por delitos de lesa humanidad. Hay que esperar un poco más y estar atentos al derrumbe del sistema neoliberal para que empiecen a aparecer los nombres y apellidos de estos inmorales que siguen viviendo en sus sombríos palacios.

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