No deberían facilitar los abortos

Respeto y aprecio mucho a las organizaciones y personas que luchan abiertamente para que se legisle la despenalización del aborto y sé que el sentimiento en la mayoría de los casos es recíproco, fundamentalmente porque todas ­y todos­ creemos defender una causa noble. Digo esto pues la vehemencia al argumentar una u otra situación puede hacer parecer lo contrario, al calor de la pasión de un debate, a la vez íntimo y público, que toca la fibra más delicada de cada uno de nosotros. Eso no impide que exprese mi rechazo personal a la referida normativa en camino a aprobarse y continúe pensando que se podría llegar a iguales fines de salud poblacional sin la parte de la ley que flexibiliza las casuísticas en las cuales el aborto es considerado legal. En principio porque ya están contempladas excepciones en el sistema de penalización actual, y porque ese artículo no sea ideal (nunca un texto legal lo es) no puedo legislar otro peor o tan malo como aquél. Si se observara desde la visión de que abortar supone cercenar una vida humana, no se pensaría este como solución a ningún problema real o potencial, porque derecho a vivir tenemos todos desde que como células vivientes somos tocados por el mágico don que nos hace ser, y además únicos e irrepetibles. Preponderando siempre la necesidad urgente de educar tempranamente en salud sexual y reproductiva, incluidos métodos anticonceptivos, cada vez más accesibles e inocuos, prevención del embarazo y sexualidad responsable.

Los abortistas recurren siempre al mismo sofisma, considerar y presentar el aborto desde el punto de vista de los adultos. Eso es como interpretar el robo desde el punto de vista de los intereses de los ladrones. El verdadero posicionamiento para valorar humanamente el aborto es el punto de vista del niño abortado que es el más débil. Si no es lícito matar a un niño recién nacido, por qué va a ser lícito matarlo unas cuantas semanas antes de que nazca sólo por las conveniencias de los más fuertes. Y siempre son muchísimos más los niños que por esta injusta razón pierden la vida en el vientre de sus madres, que las mujeres que tristemente mueren por prácticas abortivas no adecuadas.

Ya que se mira a Europa como paradigma en muchos sentidos (no todos malos seamos sinceros), en España, donde el aborto es libre, podría incrementar a 232.000 anuales en 2015 (uno cada 2 minutos o 637 niños al día), pues ahora buscan otra ley que no obligue a dejar datos sobre tales maniobras. Esto es debido a que ­lo que temo pasaría acá por lógica de los hechos­ siguen habiendo clínicas clandestinas y aborteros oficiosos porque las mujeres no quieren ser «fichadas» cuando abortan y a eso las someterá en nuestro país la llamada ley de salud sexual y reproductiva, de ser aprobada. Enfatizo: el nombre no tiene la culpa de que bajo esa denominación se busque no penalizar el aborto, polémica que ha impedido, a mi criterio, profundizar en la otra parte de la ley que sí aportaría en salud y ha sido penosamente demorada por tal causa. Si se hubieran separado en ese proyecto los temas, ya estaríamos usando una herramienta legal que no es el paradigma, pero abriría puertas para trabajar en la profilaxis de la salud, y dejar la polémica «aborto no, aborto sí» en su proyección social real. Tal vez todavía estén a tiempo.

En tanto: ¿Qué hacemos con la no reproducción, verdadero problema del Uruguay? ¿De qué forma se podría alentar y ayudar a las personas para que tuvieran hijos, si lo desean, y estimular a los hijos y a los padres para que no emigren?

Según los índices de reemplazo poblacional, los uruguayos tendemos a desaparecer. Estudios demográficos, cada vez con más preocupación, dicen que la tasa de crecimiento efectivo de la población nacional llegaría a cero para el año 2015.

¿Y encima legalizar los abortos? Ayudemos a las mujeres madres a que puedan gestar, parir saludablemente y criar sanos a sus hijos y hagamos patria.

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