Homenaje al vocero de la dictadura
Por segunda vez en poco tiempo, la Junta Departamental de Montevideo realiza un homenaje de dudosa legitimidad. Primero fue un reconocimiento al ex presidente de la República Jorge Pacheco Areco, un hombre de dudoso apego a la libertad y la democracia, y más recientemente, el homenaje al diario El País, que fue el vocero oficioso del régimen dictatorial que padecimos durante 12 años.
Antes y después del gobierno de facto cívico-militar, el matutino fundado hace 90 años por Washington Beltrán ha observado un comportamiento que lo hace acreedor a homenajes y reconocimientos de parte de la comunidad. Huelga señalar que nos separan de ese medio abismales diferencias ideológicas y políticas, ya que el diario El País fue un típico representante de los intereses y gustos de la aristocracia patricia, pero ello no es óbice para reconocer que tuvo posturas dignas frente a los grandes acontecimientos nacionales y mundiales: fue un claro opositor a la dictadura de Terra, un enemigo declarado del nazifascismo y un defensor sin renuncios de la causa aliada durante la Segunda Guerra Mundial.
En definitiva, se lo podría catalogar como un medio representante de nuestros adversarios políticos aunque reconociendo su apego a grandes valores como la democracia, la libertad, el pluralismo y la tolerancia. Ahora bien, esos doce años durante los cuales fue portavoz del gobierno dictatorial constituyen una mácula insoslayable a la hora de rendir homenaje a un medio de prensa. Hubiéramos deseado que tal circunstancia se reconociera públicamente de parte del propio medio en cuestión (de sus propietarios y de sus directores y redactores) y también de parte de quienes tuvieron la iniciativa de rendir el homenaje por su nonagésimo aniversario.
Pero desgraciadamente no fue así, y El País (y todos los que cantan loas a su trayectoria) siguen soslayando esos años de vergüenza en que tanto desde el punto de vista informativo como editorialmente el diario homenajeado observó un comportamiento oprobioso de descarado apoyo al régimen. Baste recordar los numerosos editoriales dedicados a justificar los golpes de Estado, a cantar ditirambos a los dictadores de turno nacionales y extranjeros y a servir de soporte ideológico a la doctrina liberticida y antidemocrática en la que se sustentaba el gorilaje y su cohorte de adulones civiles.
Nunca hubo, de parte de la dirección del matutino, un acto de contrición, un mea culpa, un arranque de dignidad para reconocer públicamente que durante los doce años de dictadura el medio estuvo al servicio de los peores intereses antidemocráticos.
Eso seguimos esperando: el público reconocimiento del hecho. Sin embargo, ya a esta altura dudamos de que ello ocurra. Del mismo modo que los centuriones responsables de crímenes de lesa humanidad se han abroquelado en el silencio cómplice sobre las violaciones a los derechos humanos bajo el terrorismo de Estado, así la dirección del matutino de la plaza Cagancha ningunea la realidad, soslaya el pasado, lo disfraza.
Y por fin, debemos señalar que, más allá de la opinión expresada en su página editorial (que aceptamos pero por supuesto no compartimos), el diario El País no ha tenido una conducta informativa unívoca, pues no tiene empacho en omitir informaciones que no le gustan, en tergiversar los hechos, en magnificarlos, deformarlos o minimizarlos según el interés de la clase de la que es vocero.
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