Siempre Marx

Por todos lados el Manifiesto Comunista ha vuelto a salir a la superficie e incluso se reimprime y se vende en gran escala el primer tomo de El Capital. La paradoja es sólo aparente. Cuando se trata de escudriñar qué acontece en la entraña del capitalismo, Marx aparece en escena. ¿Quién otro? Quizá lo sorprendente sea la dimensión de este acontecimiento, que corre parejo con la profundidad de la crisis, con epicentro en EEUU, que amenaza al mundo y carece de precedentes por su magnitud, extensión y violencia.

Entonces, los ojos se vuelven hacia el barbudo de Treveris. El Capital se difunde en Alemania, tanto en el este como en el oeste, en Estados Unidos y en Gran Bretaña, y ­esto se dice menos, pero me consta­ en Japón. Pronto lo veremos por estas latitudes. En rigor, el fenómeno no es nuevo. Ya en setiembre de 1995 concurrimos con José Luis Massera ­nada menos­ a un Congreso internacional en París que, bajo el título «Actuel Marx» se proponía estudiar la vigencia de su pensamiento en una hora crítica, signada por el derrumbe de la URSS y el sistema socialista europeo. Los organizadores contaban con un centenar de participantes, pero su número se decuplicó con creces, con el consiguiente caos organizativo. Se inauguró en La Sorbonne y transcurrió durante tres densas jornadas, en 7 plenarias y 42 talleres de viva polémica en la mítica Universidad de Nanterre de Paris-X, la del mayo 68 con su consigna: «Seamos realistas, pidamos lo imposible». Los organizadores declararon, en forma premonitoria, que «con la nueva expansión de la lógica del capitalismo, el pensamiento de Marx encuentra una nueva frescura». La declaración final señalaba que «la figura de Marx permanece como el símbolo mismo de la crítica al orden dominante» y «constituye un instrumento y una referencia indispensable para toda elaboración teórica que responda a las exigencias de nuestro tiempo y para todas las luchas inspiradas en ideales de democracia y justicia». Está dicho como para hoy. En el acto inaugural de La Sorbonne, una pareja de catedráticos norteamericanos me explicó que, en centros renombrados de enseñanza superior de su país, se enseñaba con todo detalle la obra económica de Marx, y que ese interés se extendía puertas afuera de la Universidad.

De esta incursión internacional quedó un primer folleto que recoge los documentos del Congreso, una ponencia de Samir Amin sobre El marxismo ante el desafío de la mundialización, otra del filósofo Lucien Sève sobre La cuestión del comunismo (que trajo una larga cola polémica en nuestro país), y la transcripción de fragmentos de los famosos Grundrisse de Marx. Esto fue quizá lo más valioso, porque se reflotó un texto fundamental que aquí no existía (ahora mismo está escasamente difundido, ¿no habría que reeditarlo?) y en el cual se puede advertir cómo va germinando, en sus primeros atisbos geniales, la nueva concepción del mundo. Siguió un segundo folleto sobre «Vigencia y renovación del marxismo», con las intervenciones en una mesa redonda de Niko Schvarz, Daniel Olesker, Fernando Rama, Luis Stolovich y José Luis Massera. Y un tercero, específicamente sobre La cuestión del comunismo, con el trabajo de polémica de Massera con Sève, aportes de Guillermo Chifflet y el que suscribe, y fragmentos del libro «Espectros de Marx» de Jacques Derrida, un filósofo venido de tiendas muy alejadas que destacaba la necesidad de profundizar, precisamente ahora, en el pensamiento de Marx. La mayor proyección de las jornadas de París se logró en noviembre de 1996, cuando organizamos nuestro propio «Encuentro sobre vigencia y renovación del marxismo», inaugurado en el Cabildo de Montevideo con una exposición de Juan Grompone sobre La aceleración de la historia, y prolongado por trabajos en talleres en la Facultad de Ciencias Sociales sobre: El marxismo y el ‘socialismo real'; Aspectos de la teoría de Marx; El marxismo y América Latina; y Problemas del mundo contemporáneo. Un volumen respetable de 430 páginas titulado «Marx Hoy» recoge las ponencias de Rodrigo Arocena, Rafael Bayce, Daniel Buquet, Manuel Claps, Guillermo Chifflet, Juan Grompone, Ronald Graside, Ernesto Kroch, León Lev, Ema Massera, José Luis Massera, Pedro Narbondo, Daniel Olesker, Gonzalo Pereyra, Luis Pérez Aguirre, Renzo Pi, Julio Rodríguez, Enrique Rubio, Graciela Sapriza y Niko Schvarz, a lo que se agregaron numerosas intervenciones, preguntas y polémicas en los distintos talleres.

Un par de años después el colectivo de Actuel Marx, considerablemente ampliado y con una receptividad multiplicada, organizó también en París en mayo 1998 las jornadas de celebración de los 150 años del Manifiesto Comunista, y allí marchamos junto a Daniel Olesker y Juan Grompone. Funcionó en la Biblioteca Nacional que lleva el nombre de François Mitterand, y en barcos surtos en el Sena. Hubo una enorme participación de cientistas sociales, militantes y dirigentes sindicales de todo pelo. En ese entorno se editó el libro de Lucien Sève Ciencias y dialécticas de la naturaleza, quizá el más relevante y actual sobre ese tema, que contiene un capítulo escrito por José Luis Massera: Reflexiones de un matemático sobre la dialéctica. Por nuestra parte publicamos dos separatas de la revista Tesis XI.

Además los participantes editamos, bajo el título de «150 años del Manifiesto Comunista», un libro que contiene el texto del Manifiesto, más los sucesivos prólogos (muy importantes, porque demuestran que el marxismo tiene en sí mismo el germen de su renovación permanente y de su propia superación). Se agregan textos de Eric Hobsbawn y de Samir Amin que se justifican solos. En un pequeño apéndice rendimos cuentas de nuestras contribuciones. De esa edición, ampliamente difundida en su época, queda un pequeño remanente. En una de sus intervenciones sobre estos temas Massera decía que ahora se trata de tomar la posta. Quizá eso es lo que hay detrás de la renovada primavera de Marx. Cuando todos anhelamos saber cómo se sale del laberinto, se nos aparece este visionario con los pies en la tierra, que avizoró una sociedad en que cada ser humano recobre su plena dignidad y despliegue todas sus potencialidades. En que «el libre desenvolvimiento de cada uno será la condición del libre desenvolvimiento de todos», como dice el Manifiesto. Ya que, según nuestro Mario Benedetti, «no hay Marx que por bien no venga».

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