EDITORIAL

Frenar el patoterismo sindical

El lunes pasado hubimos de asistir a otra lamentable demostración de intolerancia, de intransigencia mal entendida y de patoterismo liso y llano de parte de un sindicato. Esta vez no fue Adeom, el tristemente célebre gremio de los municipales que se ganó el repudio de la población por sus desbordes, sino el sindicato que nuclea a los trabajadores del taxímetro, un gremio no tan mediático como el municipal pero con una trayectoria que lo ubica siempre en las posturas más ultristas con una clara vocación violentista.

Los hechos son por todos conocidos, pero vale la pena recordarlos: ocupación de la sede del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social como medida de presión para destrabar el acuerdo en el Consejo de Salarios; exigencia de ser recibidos por el director nacional de Trabajo, Julio Baráibar, mediante presiones, amenazas, gritos e insultos; grafitis ofensivos, puntapiés contra la puerta del despacho de Baráibar hasta destrozarla.

Felizmente, la respuesta inmediata de la central sindical fue de condena a esa actitud patoteril, indigna del movimiento obrero; del mismo modo se pronunciaron otros gobernantes expresando su solidaridad más absoluta con el director de Trabajo. Por otra parte, nos consta que la inmensa mayoría de la población y del movimiento obrero rechaza tales prácticas reñidas con la convivencia democrática.

Estas «medidas de lucha» –nunca antes empleadas contra jerarcas del gobierno bajo ninguna de las administraciones anteriores a la actual– se llevan a la práctica contra un gobierno que ha demostrado, desde el primer día, su vocación de diálogo y su compromiso con la clase trabajadora, la que más había sufrido los efectos de las políticas neoliberales aplicadas por los gobiernos anteriores. Cabe preguntarse qué se busca con estos desbordes, cuál es la estrategia de esos pequeños grupos de exaltados e irreflexivos y hasta dónde piensan llegar en su demencia. Sería deplorable que siguieran afiliados a la nefasta tesis de «cuanto peor, mejor», esto es, la «politique du pire», hacer que todo fracase, que nada funcione, de modo tal de instalar las condiciones subjetivas para llevar adelante la revolución socialista…

Claro está que mientras esas benditas condiciones objetivas y subjetivas no se dan, de lo que se trata es de torpedear todo intento de mejorar la realidad dentro del régimen capitalista, porque si se mejora en algo la situación de los sectores populares, éstos no estarán dispuestos a inmolarse por la causa. He ahí el porqué del odio al Frente Amplio que manifiestan esos sectores extraviados; porque, según su razonamiento, la coalición de izquierdas no sólo no es capaz de liderar un proceso de emancipación sino que es un obstáculo para la concreción de un programa revolucionario. Entonces, como el Frente ha frustrado nuestras esperanzas de instaurar un régimen socialista (tarea muy sencilla que puede cumplirse en pocos meses y que si la izquierda uruguaya no la llevó a cabo es porque está aliada a la derecha), la consigna es combatir al Frente Amplio y a sus dirigentes más lúcidos como Tabaré Vázquez, Danilo Astori o José Mujica tildándolos de traidores.

Dejando de lado la ironía, debemos resaltar la firmeza del gobierno al suspender el Consejo de Salarios del subgrupo y laudar por decreto. No otra respuesta merece una dirigencia sindical exacerbada, intransigente, intolerante y ensoberbecida.

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