Realidades a encuestarse
Estoy por conocer alguien que haya sido encuestado, o que conozca, amigo, vecino, pariente, compañero de trabajo o hurgador del carrito del barrio, interrogado sobre sus preferencias electorales. Pero lo que es más cómico y desvirtuante de realidades auténticas, es la variante permanente, prácticamente semanal, de criterios unificados, meramente similares o parecidos. Una semana la prensa frentista afirma que tal o cual encuestadora los pone con ventajas singulares, 7 u 8 puntos por encima del resto de la sumatoria rival. Pero al mismo tiempo en prensa contraria al gobierno nos aseguran que otras consultas dan a la oposición ganando por 5 o 6 puntos. Igual en las internas. Hay quien dice un día que Lacalle entre los blancos pasó a Larrañaga. Y a la semana el «Guapo» lo «clavó» al Cuqui pasándolo cómodo.
Parecido en el Frente. Si bien al Pepe lo dan encima de Astori, asegurar lo contrario es tonto, las diferencias se acortan o alargan en cuestión de horas. Crean la expectativa, aunque no la hubiese. Es el negocio para seguir lucrando los «vivos». En lo único que aún no han inventado variantes cotidianas, tal vez por ser tan pocos, que no vale la pena, es con los colorados. Pero es evidente que en el resto, donde hay posibles competiciones reales, se ha perdido seriedad transformándose en un vulgar negocio de «feria turca» de barrio sobre, ¿quién da más?, a los efectos de mejor «recaudar» económicamente. No hay incluso un criterio racional de encuestado, que por supuesto existe, y que justifique la razón de las respectivas preferencias. Me explico. Temas específicos, que de sobra existen, sobre las experiencias del voto. Y no se preguntan o no se dicen. Por ejemplo, la opinión sobre la despenalización o legalización del aborto, la legalización de los «matrimonios» entre homosexuales y lesbianas, adopción de criaturas recién nacidas huérfanas o abandonadas por esas uniones sodomitas, etc. Las mayorías encuestadas las aprobaría o las reprobaría como tendencia de voto futuro a los sectores políticos y sus candidatos según las preferencias sobre esos temas que han tenido en este tiempo transcurrido. Son elementos a tenerse en cuenta pues, de aprobarse comicios mediantes, se alteraría sustancialmente todo el sistema social y el propio núcleo familiar, base fundamental en el actual sistema de base cristiana que tenemos y rige en el país. Bueno sería saber entonces, objetivamente referido, si nuestra sociedad votaría partidos o candidatos afectos a despenalizar el crimen del aborto y a sodomizar la sociedad legalizando uniones que hoy no serían reconocidas y transformarlos en matrimonio en pie de igualdad con los naturales heterodoxos. Estas preferencias de tendencias igualitarias socialistas en Europa se han dado, y a lo largo de la historia también. No son novedad precisamente. La adopción de inocentes recién nacidos por uniones sodomizadas también en el viejo Continente, cuna de la mayor parte de estas costumbres «progresistas» según ellos, igual se otorgan y no producen escándalo. Ante lo cual, dicho con respeto, hay partidos o colectividades con sus legisladores y políticos que así opinan y no ocultan que desean destruir en una revolución social el retrógrado y retardatario sistema social actual, propio de los tradicionalistas.
Claro, es notorio que no es la posición del Partido Nacional cuya formación desde sus orígenes, aunque no hemos sido confesionales, pero sí tenemos una formación absolutamente mayoritaria cristiana. Basada en una ética de defensa de la vida y del matrimonio heterodoxo natural, hombre-mujer, base, según nosotros, de toda sociedad sana y espiritualmente concebida en sus desarrollos superiores. O sea admito que los tiempos cambian. Y hasta acepto la crítica que a la mayoría de los blancos se nos puede hacer (aunque siempre puede haber excepciones de algún desviado…) que podamos ser vistos como retrógrados o retardatarios en esas prácticas sociales. También aseguramos que por siempre seguirán siendo las bases cristianas de defensa de la vida y de la familia integral heterodoxa como el cuidado y la formación del niño y más del recién nacido, principios sagrados de los blancos. En buen romance, las encuestadoras cuando interrogan por preferencias electorales, deberían saber las preferencias pensadas, medulares y éticamente preferidas por la ciudadanía. No sólo en lo económico, seguridad, salud, educación superior y demás inquietudes corrientemente planteadas. Sino también sobre temas que están ínsitos en la cédula fundacional de la Patria y sus cimientos, como ha sido la estabilidad de la familia y la defensa de la vida desde su concepción misma en la formación del feto o embrión. Las encuestadoras, que todas las semanas, al igual que un «yo-yo» varían tanto sus opiniones, empezarían a dar a sus cálculos, tan pendularmente oscilantes, otra seriedad más creíble.
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