Cayó el fruto del árbol envenenado
Dicen que si Argentina estornuda Uruguay pesca un resfriado de aquellos. En la edición de ayer LA REPUBLICA adelantaba un severo alerta sobre las pérdidas de las AFAP, con la consiguiente debacle para los ahorristas, que son siempre los que pagan y cuyas jubilaciones se pueden evaporar como los dineros de Wall Street y el resto del mundo financiero.
Hoy es el gobierno argentino que en una decisión dramática anuncia el final del régimen de jubilación privada (conocido en el vecino país como AFJP), debido al impacto de la crisis financiera global. De un plumazo se eliminará el sistema vigente y se reestatizarán todas las jubilaciones.
El anuncio lo hará la presidenta Cristina Fernández, en un acto de la ANSeS. Lo único que resta definir es si se permitirá que las AFJP continúen operando como administradoras de aportes voluntarios o, en otras palabras, como agencias de seguros sin pompa alguna.
Los cambios deberán hacerse por ley, por lo cual hoy mismo serán elevados al parlamento para su aprobación.
Así, los fondos de los trabajadores pasarán al Estado y la ANSeS se encargaría del pago de las jubilaciones, con las actualizaciones o movilidad del régimen público.
La razón que esgrime el gobierno para cambiar drásticamente el sistema jubilatorio privado es la caída de los activos financieros que conforman los fondos de las AFJP, por la crisis que azota a los mercados de todo el mundo.
Según un documento elaborado por la ANSeS y divulgado este fin de semana, el fenómeno provocará en el futuro que el Estado deba salir a rescatar a los jubilados que optaron por el régimen privado.
Sin embargo, no todo se le puede achacar a la crisis financiera mundial, ni mucho menos, porque los ejecutivos de dichas empresas ya se llenaron los bolsillos con tasas de interés y una «rentabilidad negativa» que vienen utilizando desde hace años para desplumar las cuentas de los ahorristas.
El líder de la CGT salió a apoyar la intervención del Estado y dijo que «se deben tomar medidas» para que los jubilados tengan asegurado el cobro de sus fondos. Además, calificó como una «gran estafa» al actual sistema de AFJP.
En tanto, desde la oposición, una de las principales referentes en el área, la diputada María América González, aseguró que la idea le parece «brillante». «Actualmente hay 30 mil millones de dólares manejados por empresas privadas que tendrían que estar en el Estado», puntualizó la legisladora.
El senador radical Gerardo Morales calificó de «salvataje» el proyecto del gobierno para modificar el régimen de las AFJP y advirtió que «hay que tener cuidado con este tipo de medidas».
Ningún cuidado, señor Morales, con los financistas que plantaron, a sabiendas, este árbol envenenado, cuyo fruto putrefacto deben comerse los jubilados.
En nuestro país y como dicen los muchachos, el gobierno debería «cargarse las pilas» para terminar de una vez por todas con este engendro (AFAP) que un día sí y otro también está licuando los bienes de miles de trabajadores, cuyo futuro será nefasto en manos de estos ejecutivos.
En Argentina ya se habla de enjuiciar a los ideólogos de este sistema previsional y la idea no parece peregrina, en virtud de que sus inventores son economistas y financistas de alto vuelo. Un rato entre rejas no les vendría mal, como les pasó a los Peirano y a los Rhom.
Precisamente hablando de ellos, viene a la memoria la inercia, calculada o no, del Banco Central que permitió el derrumbe de nuestro país en 2002. Acaso el regulador financiero no sabe lo que está pasando en las AFAP, instaladas a la vuelta de la esquina.
Cada uno de los trabajadores uruguayos, ahorristas forzados por el maquiavélico sistema, tiene que saberlo y si no lo sabe que averigüe aunque sea por teléfono. Todos ellos han perdido decenas de miles de pesos de sus cuentas porque las AFAP han invertido en bonos y otros papeluchos que nunca ofrecían garantía alguna, ya que se trataba de pura especulación. La codicia y avaricia de unos pocos «iluminados», al igual que en Estados Unidos, ha condenado a los trabajadores. Es hora de «liberar la zona» y que lo que queda de fondos pase inmediatamente al Banco de Previsión Social, única garantía histórica. Lo otro sólo fue un ensayo impúdico de abominables enemigos de la sociedad.
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