No hay lugar
La violencia desatada por un grupo minoritario del sindicato del taxi en el Ministerio de Trabajo fue lo más parecido a un triste espectáculo de otro mundo.
Todo el Uruguay sabe, incluso aquellos sectores más opuestos al Frente Amplio, que ha sido este gobierno progresista el que más espacio ha creado para los trabajadores, con el fin de que a través de los Consejos de Salarios y de la negociación colectiva puedan mejorar sus condiciones de vida y de sus familias.
Por esto sorprende que desde una minoría del movimiento sindical se utilice la violencia contra un Ministerio de Trabajo que ha sido y es uno de los pilares fundamentales de la política de cambios que se está llevando adelante desde el 1º de marzo de 2005.
Pero que sorprenda no quiere decir que esta posibilidad no estaba latente, desde el momento que hay una autodenominada izquierda fundamentalista y ultra radical, que tiene como principal objetivo desacreditar al Frente Amplio ante los ojos de los trabajadores.
No es la primera vez que actores de esa «izquierda» extra Frente Amplio actúan de forma iracunda.
Ya pasó en los comienzos del conflicto de Adeom con la Intendencia Municipal de Montevideo, cuando se agredió verbalmente al director Ernesto de los Campos.
Ahora el agredido fue el director nacional de Trabajo, Julio Baráibar, a quien se intentó comparar con un triste personaje que la vida ya colocó en el basurero de la historia.
Lo más grave es que este pequeño grupo tiene apoyos de algunos medios de comunicación de poca penetración en la sociedad, pero que igualmente actúan como reproductores de calumnias y son, a la vez, generadores de hechos impropios de una sociedad civilizada como la nuestra.
Los hechos ocurridos en el MTSS son, objetivamente, una verdadera provocación que sólo sirve a la derecha.
Es que una vez más la «izquierda» fundamentalista y la derecha se encuentran en una misma trinchera.
Hicieron bien la Unott y el PIT-CNT en reaccionar de inmediato, apoyando Baráibar. También hicieron bien el senador José Mujica y el dirigente tupamaro Julio Marenales, con su presencia solidaria en la conferencia de prensa que brindaron las autoridades del MTSS.
La reacción madura, firme y serena de la central de trabajadores muestra, una vez más, que en Uruguay no hay lugar para provocadores, ni para los gestores de la violencia.
La continuidad del cambio pasa por mantener un clima de diálogo en el país, por más que los intereses del sector empresarial y los trabajadores puedan ser en muchos casos contrapuestos.
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