EDITORIAL

La mentira fascista se cae a pedazos

Luchar por la verdad y la justicia siempre tiene sus problemas, porque la reacción tiene la suficiente capacidad para generar fuertes corrientes de opinión en su favor. Si alguien creyó que hacer justicia era sólo un simple ejercicio intelectual, se equivocó. Los militares golpistas, los civiles golpistas, a pesar de que muchos de ellos están hoy en prisión, no dejan de operar y de defender su inmunda historia.

Entre los tantos operativos que han montado desde que nació la nueva democracia, fue dejar huellas de sospecha sobre la conducta de varias generaciones de comunistas que enfrentaron a la dictadura cívico-militar.

Entre los «sospechosos» estuvo el secretario general del Partido Comunista de Uruguay, Rodney Arismendi, una de las personalidades más importantes del marxismo latinoamericano, quien tuvo ­además­ un fuerte reconocimiento del más amplio espectro democrático latinoamericano y uruguayo.

Esta campaña, surgida de las entrañas del fascismo criollo e internacional, contó con el apoyo explícito del diario El País, que fue el principal vocero de la ultraderecha uruguaya y amplificador de los atentados contra la democracia de nuestro país.

En estos días ­cuando el cambio, la libertad y los derechos humanos avanzan­, han aparecido extrañas alianzas de la ultraderecha y la ultra izquierda para defender libros que sólo apuntan a denostar a una parte de la izquierda, en este caso los comunistas, con el fin de que la historia se vuelva un simple estiércol donde los miserables se revuelven en medio de los excrementos.

Ayer Presidencia de la República entregó a la actual dirección del PCU parte de los archivos que contienen los datos de los afiliados, en su gran mayoría firmados durante la época democrática y en plena legalidad de esa colectividad política. Esos archivos estaban en dependencias del Estado, parece ser que en un simple ropero, que distintas administraciones de gobiernos blancos y colorados no pudieron o no quisieron encontrar.

Fue gracias a la impunidad que sobrevivieron al tiempo y a las miserias políticas, hasta que llegó este gobierno progresista que destapó el tarro con mal olor.

Ha quedado claro que Arismendi fue expulsado del país sin haber negociado previamente ­contrariando la versión mentirosa de la dictadura­, la entrega de esos archivos, que no estaban en su poder, como lo ha dicho hasta el cansancio su esposa, la maestra Alcira Legaspi y otros dirigentes del PCU.

El país, la democracia, la izquierda, han recuperado parte de su historia por la valentía y el ejercicio de la coherencia del presidente Tabaré Vázquez y de su equipo de gobierno, comprometido con la causa de los derechos humanos.

Los asesinos de la democracia van a seguir viviendo, en las mejores condiciones porque la democracia se los garantiza, entre cuatro paredes, pero sus mentiras se seguirán cayendo en pedazos, como cuando caen las hojas en otoño, para que después las vecinas las barran para volcarlas en las bolsas de la basura.

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