Callejón sin salida

Las crisis económicas, sociales, alimentarias y ecológicas que golpean el planeta muestran el callejón sin salida en el que el capitalismo hunde a la humanidad. Parece claro que estamos ya sumergidos en una muy grave crisis económica cuyo detonador habrán sido las famosas «subprimas» que han revelado una crisis bancaria (deudas podridas), financiera (hundimiento de las bolsas) y una recesión en los EEUU. Es un giro importante de la situación en la cual un sistema corrupto, bestial, como lo es el capitalismo está derrumbándose.

Las revueltas del hambre que afectan en particular pero no solo a los países pobres, son la resultante de una crisis alimentaria provocada por la especulación y por las políticas neoliberales que han destruido las agriculturas alimentarias campesinas, en beneficio del agrobusines y los cultivos de exportación. La crisis energética, ilustrada por la explosión de los precios del petróleo, acentúa y se combina con la crisis alimentaria encareciendo los costes de producción agrícolas y por los famosos agrocarburantes que vienen a hacer la competencia a las producciones alimentarias en su propio terreno. La crisis energética multiforme, agotamiento previsible de las reservas de petróleo, relanzamiento de lo nuclear, calentamiento climático provocado por la utilización masiva de las energías fósiles…, es a la vez una traducción y un factor de agravación de los problemas económicos, de las guerras y de la inestabilidad política del mundo actual: ocupación de Irak, tensiones entre el imperialismo americano y estados como Irán, Venezuela… La guerra sin fin contra el «terrorismo» llevada por el gobierno americano provoca dos conflictos mayores (Afganistán e Irak). Los modos de producción y de consumo capitalistas provocan una crisis ecológica multiforme que no deja de afectar a ninguno de los sectores vitales para la humanidad. Mi posición histórica anticapitalista, mi voluntad de una transformación revolucionaria de la sociedad que sea llevada por la inmensa mayoría de trabajadores de las ciudades y del campo, no caen del cielo.

El capitalismo más que nunca en estos comienzos del siglo XXI muestra por su brutalidad, su potencial destructivo, sus desigualdades crecientes, la necesidad de una ruptura y de la invención de un socialismo realmente emancipador. Una democracia real y profunda implica la puesta en cuestión de la propiedad capitalista, no olvidemos en términos de orden natural que en la naturaleza no existe la propiedad privada. Lejos de combinarse armoniosamente, la economía de mercado y la democracia forman buenas parejas: China, Rusia y USA ponen de relieve un pliegue de espectáculo donde las políticas económicas y las corporaciones mafiosas se asociaron globalizando el libre mercado.

La perspectiva socialista, es decir la esperanza de un mundo diferente al capitalismo, hay que reconstruirla. Pues no sale indemne de las experiencias del siglo XX. A través de las resistencias y las luchas, se trata de inventar el socialismo del siglo XXI. Es por ello que nos parece completamente imperativo: ­desarrollar frente a los grandes problemas movimientos de masas unitarios, luchas de resistencia coordinadas a escala internacional; ­dirigirse hacia una nueva internacional democrática, anticapitalista, ecológica, antirracista, humanista; ­llevar a cabo campañas unitarias internacionales y participar en los marcos que permitan animarla. Un movimiento social poderoso, un mayo 68 que iría hasta el fin, que comenzaría por controlar la marcha de la economía y la erradicación definitiva del hambre, la miseria, la discriminación, la educación degradada, conformando pequeñas comunidades que conformen el nuevo orden mundial, dentro de un marco de solidaridad y armonía. Las instituciones son elementos esenciales del mantenimiento del orden social y de la propiedad capitalista. No deseo construir un movimiento de acondicionamiento sino un movimiento de ruptura.

Un movimiento, es para mí un reagrupamiento de militantes unidos alrededor de un programa común. Un instrumento no un fin en sí mismo. Una fuerza capaz de reflexionar para actuar. Frente a una vida política centralizada por el Estado, tenemos necesidad de un movimiento socialista, de una fuerza para la transformación revolucionaria de la sociedad, que combine actividades nacionales y declinaciones locales. Un movimiento que aparece claramente como rechazando oponerse a los planes del poder y de la patronal y encarnar un cambio de sociedad. Sindicalistas, militantes asociativos, altermundialistas, jóvenes comprometidos en la acción, antiguos militantes de diferentes trayectorias, militantes de la diversidad, personas que llegan nuevas a la política y personas que retoman su actividad, intelectuales comprometidos con su tiempo. Unidos alrededor de la necesidad de defender un plan de acción anticapitalista integrando reivindicaciones sociales, democráticas, ecologistas, antirracistas y solidarias podemos construir juntos un nuevo mundo. Es necesario y es posible.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje