Es la hora de la diplomacia en el sur de nuestra América
La crisis financiera mundial se está transformando en la América del Sur del Río Bravo, en un verdadero peligro que puede cuestionar el desarrollo de las economías de nuestros países y las notorias mejoras que están viviendo nuestros pueblos en materia de calidad de vida.
Para hacer frente a este desafío se requiere, una vez más, una política de unidad y convergencia de pueblos, partidos y gobiernos de Latinoamérica y el Caribe, con el fin hacer frente a una crisis financiera global, con cuna en Estados Unidos, que no solo puede hacer retroceder los cambios progresistas, sino que a la vez puede provocar alteraciones institucionales que pongan en jaque a los procesos democratizadores.
Ante esta realidad por momentos compleja y contradictoria, los gobiernos de los pueblos del sur tienen que encontrar espacios de diálogo para superar diferencias menores, pero a la vez para establecer estrategias comunes que permitan doblarle el brazo a los coletazos de la crisis financiera de Estados Unidos, creando así un cuadro político nuevo, económico y financiero, que permita pensar la suerte de nuestros pueblos para los próximos 25 años.
En el caso de América del Sur los dos gigantes Brasil y Argentina necesitan de políticas coordinadas, complementadas, pero teniendo siempre en cuenta a las economías menores como son Uruguay, Paraguay y Bolivia.
Si los dos países más poderosos, en recursos y en población no siempre en estabilidad financiera se disparan solos podrían dejar al margen a otros, sin los cuales no hay salidas de conjunto ni permanente para los grandes.
Hace pocos días Argentina insinuó la posibilidad de que el Mercosur aumente el Arancel Externo Común, con la intención de salvaguardar a las industrias nacionales.
Hace pocas horas el gobierno de Brasil rechazó esa hipótesis de trabajo, porque limitaría los flujos de inversión y de comercio con países de la extra zona.
En ninguno de los casos los gobiernos de los gigantes de la región consultaron a las economías menores, que no por ello son pueblos menores.
Sin definirnos por una postura u otra, es de esperar que el ejercicio de la diplomacia de los grandes y de los pequeños se ponga en actividad para poder construir un lenguaje, más o menos común para poder sortear con éxito la compleja hora actual que vive el capitalismo, que sigue en plena vida pero que su rostro neoliberal ya es parte de la peor historia.
A fines del siglo XIX le preguntaron a José Pedro Varela cuál era la tarea más importante de los uruguayos, y dijo: «Educar, educar y educar».
Hoy, a nuestro entender, la hora actual requiere de «diplomacia, diplomacia y más diplomacia», porque con ello nos va la vida como pueblo, como país y como proyecto histórico de cambio.
Diplomacia para salvar al Uruguay, diplomacia para que entre los pueblos del Mercosur y afines tengamos una propuesta única, que atienda la inmediatez, pero que a la vez construya la larga carretera hacia el futuro.
Compartí tu opinión con toda la comunidad