Juan Gabriel Borkman

La obra de Ibsen que tiene el nombre del título de este artículo, es una de las mejores que se han escrito en el teatro contemporáneo. Sin embargo, la misma es muy poco conocida en el Río de la Plata y en los hechos nunca ha sido interpretada. Es la historia de un banquero que cae en bancarrota. La obra fue escrita en 1896 e inspirada en hechos de la vida real, muy similares al caso Peirano.

Cuando Ruben Darío estaba en su lecho de muerte, fue entrevistado por el joven periodista Francisco Huezo, quien le preguntó sobre qué obra y autor tenía al lado de su almohada. La respuesta fue: «Juan Gabriel Borkman», de Ibsen. También le preguntaron qué palabras le gustaría ver escritas al pie de su lecho en el momento de morir, y respondió con una extraordinaria frase de Ibsen en boca de la novia de Juan Gabriel.

Volviendo al tema más mundano del Uruguay, es muy posible que el motivo por el cual una obra de tanta importancia no se haya representado en Uruguay sea que en definitiva los banqueros, inclusive los banqueros fundidos, no son personajes muy prestigiosos en el imaginario colectivo, y que si además son abogados, el problema puede ser algo aún más complicado.

El tema es que, hasta por motivos comerciales, desenterrar una obra literaria monumental, para aunque sea ilustrar pálidamente una tragedia familiar que algunos pretenden nacional, no sería una mala idea, pero no se ve ningún emprendimiento artístico que se ocupe del tema. Es también claro que no es un tema que dé réditos de popularidad para los artistas, ni para los periodistas que lo traten, pero que ante el cariz que toman los acontecimientos, no nos es posible omitirlo.

Hay gente que opina que fue el tema Peirano el que precipitó la crisis que vivió Uruguay en 2002, lo cual es un argumento bueno, ya que demuestra la ignorancia supina en economía de los que lo sostienen.

La crisis que vivió Uruguay en 2002 fue precipitada por los uruguayos en general y si bien hoy soplan otros vientos de mayor prosperidad, vendrán más crisis similares hasta que dejemos de ser un país autoritario, burocrático y poco productivo.

Pero, volviendo al tema Peirano, lamentablemente no tenemos un proceso penal público, y a la vista de las personas, ni siquiera sentencias dictadas en plazos razonables. No solamente fallan los banqueros en Uruguay, sino que también lo hacen los jueces y abogados.

Los dos hermanos menores de Peirano en los hechos fueron liberados porque el proceso no cumplió con normas elementales del pacto de San José de Costa Rica.

El tema central del caso Peirano se encuentra, varios años después de iniciado el proceso, en la mas profunda oscuridad: ¿El dinero está o no está? Si está escondido, ¿»dónde está?»

A pesar de los notorios defectos del proceso penal, la Justicia uruguaya ha demostrado públicamente tener el brazo suficientemente largo para encontrar a una persona bajo nombre supuesto en Miami y traerla para enjuiciar en Montevideo. Parece que ese brazo no es lo suficientemente largo para llegar a donde está el dinero presuntamente escondido, lo cual, sin duda, es el meollo del caso. En la Holanda del siglo XVI los comerciantes quebrados eran obligados a caminar por la plaza pública desnudos o en ropas menores. Esas sanciones infamantes se consideraron inhumanas y se señalan como una de causas de la introducción de algunas instituciones romanas en lo que entonces era el moderno derecho comercial holandés. No era porque las instituciones romanas fueran más humanas (allí los cortaban en pedacitos), sino porque les daban muy poca importancia, ya que en Roma no había un sistema bancario.

En todo caso, el tema Peirano ha ido más lejos de lo que debía y eso se ha profundizado con la reclusión de Juan Peirano en el Comcar, mientras espera un juicio que seguramente va a ser muy extenso.

La reclusión en el presidio común de un preso de esta jerarquía equivale a una sentencia de muerte dictada en vía administrativa y todos los que en algún momento hemos estado vinculados al proceso penal sabemos esto con seguridad. El caso debe ser estudiado en un ambiente de mayor seriedad que el enfoque carnavalesco que algunos ahorristas pretenden darle al tema.

Después de todo, no se precisan 6,000 fojas para saber lo que en el fondo nadie sabe: ¿Está el dinero? ¿Dónde? ¿Estamos ante un conjunto de malos negocios o un megafraude?

En lo personal no emitiré opinión, pero hago votos sinceros para que el largo brazo de la Justicia de Uruguay encuentre al dinero, si es que existe, o declare que ha habido un conjunto de malos negocios de personas que tienen derecho a cumplir sus penas en un entorno humano y a reiniciar sus vidas con dignidad.

Sé muy bien lo duro que es esto para quien ha perdido ahorros de su vida, pero inclusive esa persona sabe muy bien que los negocios salen bien o mal y la dignidad no es negociable.

En el ínterin, puede ser importante que los uruguayos exijamos del sistema legal y del sistema bancario las responsabilidades que en conjunto le corresponden en el desarrollo económico, que están muy lejos de llegar siquiera a cumplir.

No estaría de más, además, darle una hojeada a una de las mejores obras de teatro que se han escrito en la tierra: Juan Gabriel Borkman, de Ibsen.

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