EDITORIAL

El despegue industrial que el país necesita

En el mundo de la economía existen numerosas leyes, algunas tan viejas como el agujero del mate, que el gobierno del Frente Amplio ha estado empecinadamente creando las condiciones como para que se puedan desarrollar en nuestro país. Una de ellas, por ejemplo, es que vendiendo carne y soja, vamos a hacer mucho dinero, pero lo que nunca lograremos es salir del subdesarrollo. ¿Significa eso que tenemos que dedicarnos a otra cosa? No, de ninguna manera, lo que significa es que, además, tenemos que apuntar a otros objetivos. Para decirlo de otra manera: aquel dicho del ex presidente Jorge Batlle del cual él se sentía tan orgulloso de haberlo proferido,»la vaca les gana», forma parte de la declaración universal de que queremos continuar siendo toda la vida proveedores de materias primas, es decir, jugar en la liga amateur. No se conoce país desarrollado que no haya pasado por una etapa de acumulación de riqueza proveniente de su capacidad de producción o extracción de materias primas, pero, si eliminamos el Ministerio de Industria y Energía, como lo propone el gurú herrerista Ignacio de Posadas, difícilmente tendremos una política industrial que, en cualquier cursito de Economia se informa que es imposible «subir de categoría» sin industrialización, sin inversión en investigación, conocimiento, tecnología e inteligencia nacional. Todo esto es, lo que precisamente, la globalización que a tantos agrada, busca preservar para un selecto grupo de países, al estilo de aquellas viejas películas inglesas que nos mostraban la burbuja en que vivía (y vive) la aristrocacia y los ricos en las naciones que aprovechando etapas colonialistas pudieron acumular los ingredientes necesarios para conformar un mundo que ofrece condiciones de vida envidiables para la mayoría de sus habitantes.

Durante esta administración, se buscaron recomponer las condiciones necesarias como para quitar el piloto automático que nos habían vendido y variar el destino futuro del país. Recién se comienza, esto no se hace de un día para otro, pero lentamente se han ido creando nuevas condiciones, económicas, financieras, productivas, educativas, sanitarias, de investigación, de relacionamiento con el mundo, de relacionamiento entre el capital y el trabajo que hablan a las claras del cambio de dirección. Sin pretender ser injustos, porque acá existe una política común por parte del equipo de gobierno, nos vemos obligados a fin de aterrizar estas líneas en lo que ha venido señalando el ministro de Industria y Energía, Daniel Martínez, desde que asumió el cargo: políticas de largo alcance, consensos políticos para definir políticas de Estado en materia energética e industrial y comenzar a sentar las bases para aumentar –lo más rápida y audazmente posible– incorporación de valor agregado a cuanta mercadería se genere o pase por el país. Naturalmente que esto no depende de la voluntad de un ministro, sería imposible alcanzarlo si no hubiera un plan nacional desde todos los ámbitos del gobierno para ir complementando los pasos necesarios para llegar al objetivo final. Por ello no puede llamar la atención que esta semana, en reunión con la Cámara de las Tecnologías de la Información, Martínez les realizara un llamado a invertir en mejorar la tecnología e incorporación de valor nacional en aquellos rubros que son tradicionales en nuestro país y que son los que nos han permitido salir adelante como nación. El jerarca quiere tecnología aplicada y especializada en mejorar nuestra producción primaria. Pero tampoco puede llamar la atención el desarrollo logístico del país, las cada vez más numerosas e interesantes delegaciones que concurren al país a interiorizarse sobre posibles inversiones, la llegada este fin de semana de una importante empresa del sudeste asiático, asesora de Petrobras, especializada en prospección de hidrocarburos, con sedes subsidiarias en Houston y otros centros petroleros de primer nivel mundial, cuyas principales jerarquías dialogarán con el ministro Martínez y con el presidente de Ancap, buscando interiorizarse de las posibilidades de asociarse con el Ente. Dejemos para otra instancia las inversiones japonesas y chinas en la industria de autopartes automotrices (ya concretadas) y las futuras órdenes brasileras para nuestra modesta pero capacitada industria naval. Atención que se trata de rubros generadores de mucho trabajo, e incorporadores de mucha tecnología. Sin desubicarnos, conscientes de las posibilidades del país, se continuará sin duda trabajando en esta dirección, porque a mediano y largo plazo es la que ha demostrado que es la única que sirve.

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