La gran crisis
Las causas de la crisis que hoy agobia a los mercados de todo el mundo son reveladas a diario, pero las consecuencias, en cambio, son un misterio, aunque algunas aristas ya se vislumbran. La verdad es una sola y aplastante: los mismos que provocaron esta debacle son los que deciden, o intenta decidir su solución, pese a sus estrepitosos fracasos.
En un artículo titulado «Demasiado tarde para dar marcha atrás en la crisis», el investigador Mike Whitney advierte que Washington es el único lugar donde un fracaso masivo es recompensado con más poder y autoridad. En el desarrollo de esta burbuja financiera que estallara en agosto de 2007, el autor reconoce la parte de culpa de las clasificadoras de riesgos, los solicitantes de hipotecas tergiversadores y los tasadores. Sin embargo, plantea que el mayor crimen se cometió en Wall Street.
Cabildearon para desregular el sistema a fin de que los bancos de inversión pudieran fusionarse con bancos comerciales, y permitir que los mayores tomadores de riesgo tuvieran acceso irrestricto al capital más barato posible, señaló Whitney. Según el estudioso, urdieron incluso la espuria ideología del «fundamentalismo de mercado», destinado en esencia a enriquecer más a los acaudalados y olvidarse de las clases bajas. El premio Nobel de Economía estadounidense Joseph Stiglitz desbarató recientemente el modelo de mercados y finanzas libres. El problema es serio, los cimientos no son buenos, advirtió, al aseverar que ese modo de organización económica es insostenible. Pero, a pesar de todo intento de los políticos estadounidenses y de las economías principales de Europa por evitar lo que expertos catalogan como la ruina del sistema capitalista y del modelo neoliberal, las consecuencias reales saltan a la vista con dimensiones planetarias.
El desempleo y las filas por seguros de desempleos, crecen al mismo ritmo. En setiembre, Estados Unidos registró un índice de desocupación de 6,1 por ciento, el mayor en cinco años, mientras varias naciones europeas se baten también con el fenómeno en grandes magnitudes. Manuel Freytas en su artículo «Cuál va a ser el efecto global encadenado del derrumbe financiero imperial», reconoce que el cóctel crisis del crédito-caída de la producción-desempleo masivo, se proyecta como efecto directo de la crisis financiera y el derrumbe de las bolsas a escala mundial.
Estados Unidos, considerada una economía de alto riesgo bajo respiración artificial, al igual que importantes mercados del viejo continente, registra indicadores cada vez más alarmantes. El alerta sobre 2009 de los especialistas, es que será un año frío y sombrío, pues nadie ve claro el futuro. El jefe de la mayoría demócrata del Senado, Harry Reid, ha dicho que están en territorio desconocido, en un juego diferente, en el que nadie sabe qué hacer. Las autoridades primordiales del sistema desestabilizado, Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, el grupo de los ocho países más industrializados y otras, consideran que la recesión ya está instalada o a punto de ocurrir. Un fuerte proceso inflacionario acentúa este hecho, junto la reducción del consumo, advierten las estadísticas, en tanto el escenario empeorará con los problemas crediticios que aceleran la elevación del costo de la vida.
Hoy, las dudas sobre una paralización del sistema en caos son cada vez mayores, mientras los países de la periferia se aseguran en lo posible para poder hacer frente a una crisis que extiende sus alas a todo el planeta. Según Raymond Lotta, politólogo marxista y autor del libro «America in decline» (Norteamérica en decadencia), la crisis se está desarrollando en el ámbito global, de una manera explosiva e impredecible y la envergadura del salvataje de 700 mil millones de dólares muestra que amenaza al sistema capitalista. No se trata de socialismo para los ricos ni de un salvamento para la gente, es capitalismo de emergencia para los ricos y capitalismo más brutal para el resto, dijo con sabiduría.
Compartí tu opinión con toda la comunidad