Aclarando conceptos y discrepancias
No comparto varios aspectos esgrimidos por mi respetado amigo y tribuno doctor Gonzalo Aguirre en reproches a Pedro Bordaberry por sus dichos contra el Partido Nacional, desde las páginas del diario de la Plaza de Cagancha. Comparto en cambio, que ejerció un Ministerio correctamente y fue elogiable la manera digna desde su visión, y como correspondía la defensa de su padre por el hecho natural y humano de serlo. Hasta allí macanudo. Pero pienso también, que no sea un Bordaberry el más apto para aceptar de parte de un blanco, caso Aguirre, consejos o sugerencias. En momentos críticos y no sólo referido al golpe de Estado propiamente dicho, fue costumbre del mentado clan la actitud de soberbia, desprecio y fastidio que todo el tronco familiar de siempre tuvo para con el Partido Nacional. No obstante, cuando le pudo ser útil, el padre usufructuó los sufragios y voluntades nacionalistas para obtener una banca senatorial. Posteriormente, volvería a reflotar ese antagonismo, abandonando al partido con ácidas críticas, pero sin renunciar a la banca, por supuesto.
Y aquí comienza mi discrepancia con el enfoque de Gonzalo. Y aclaro que no es con lo que don Pedro puede decir de los blancos, que al fin de cuentas es obvio que lo hace para tratar de despertar la animosidad natural del colorado para que, ante la soledad de candidaturas potables suyas, puedan optar por los «odiados» blancos. Y a mi gusto Aguirre cae en peligrosas confusiones históricas que crean peores dudas. Por supuesto que hay valores en franca pérdida, propia de concepciones foráneas, con las cuales discrepamos. Más en los blancos que en los colorados. Oposición al aborto o «matrimonios entre homosexuales» como espiritualismo filosófico religioso, por citar ejemplos más groseros. Y es justamente lo que implica discrepancias conceptuales, como el respeto a la Constitución y la ley históricamente, con el partido de la «defensa». Ni por las razones electorales estratégicas, se pueden «diluir» diferencias tan conceptuales. Perderíamos identidad y a la larga desaparecer como les pasa a ellos. Oribe construyó el partido sobre cimientos nacionales de libertad, soberanía y amor a la tierra misma. El pardejón Rivera edificó una máquina electorera y demagógica en base de apoyaturas imperiales que le garantizaran las permanencias en el poder. Vocación de poder, que los llevó a las peores tropelías y crímenes para obtenerlo. Mientras los blancos hacían revoluciones por principios como el voto secreto, representación legítima de las minorías, etc. En el artículo de marras, refiere a la educación entre esos valores. Y si bien los blancos han defendido la laicidad también lo han hecho con la enseñanza libre religiosa, particularmente la católica, cosa que el batllismo hizo lo posible directa o indirectamente, en perseguir. Don Pepe mediante. En materia económica, recuérdese la Reforma Cambiaria y Monetaria del Cr. Eduardo Azzini, base de los gobiernos blancos. Y que el batllismo colorante denostaba con los peores conceptos y epítetos. La seguridad pública que no debe remitirse sólo a la vulgar rapiña, violación u orden en un evento deportivo, que por supuesto es gravitante. Sino también al respeto de la Constitución y la Ley. Cosa que el Partido Colorado en general y el señor padre del destinatario del reproche jamás hicieron.
Todos los golpes de Estado los hicieron ellos históricamente. Pero hay también un aserto que vale separar y aclarar. En el artículo de marras, se le reprocha a don Pedro la ingratitud de olvidar el aporte «masivo» que en 1999 le hicimos a los colorados para que ganase Jorge Batlle, al carecer los blancos a la sazón, de candidatos. ¡Epa! Se olvida Gonzalo, que en esa ocasión hubo más de 75.000 votos, cociente entonces que daba para un senador «largo», que votamos en blanco. Y sin duda todos fueron blancos. Los frentistas tenían a Vázquez y los colorados a Jorge Batlle. No tenían discrepancias para optar por una tercera que marcase no ser de uno ni de otro. Sólo los blancos, que no tenían candidatos.
Alega que no se arrepintió. Admitamos que es opinable. Sé de más de cuatro blancos que hasta hoy lloran por haber hecho caso a la dirigencia que dio semejante consejo. ¡Felizmente no me cuento entre ellos! O sea, si la opción fuese al revés, siendo los colorados los optables, ¡por favor! no me metan en ese paquete societario ni a los 75.000 que votamos entonces! Tan adversarios y si quieren agregar enemigos, son los frentistas que tienen 40 años, que los colorados que hace 172 años que nos han odiado y perseguido, felizmente sin lograrlo, hasta la extinción. No olvidar la Heroica Paysandú, el asesinato de Berro, el de Labandeira, Masoller y demás etcéteras. Decía Wilson que «una cosa son los acuerdos y otra distinta los entreveros». No mezclemos principios fundamentales en pre fabricadas «familias ideológicas» con gente con la que no tenemos ningún tipo de parentesco. Correríamos el riesgo de no tener razón de ser. ¡Que el arbolito no tape el monte! ¡Que Pedro nos siga odiando! ¡No queremos su simpatía!
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