Los estudiantes, la ministra y el diálogo
A la salida de un acto oficial, la ministra de Educación y Cultura, ingeniera María Simon, vio interceptado el auto en el que se desplazaba por «varias decenas de estudiantes disconformes» con el actual proyecto de Ley de Educación. La manifestación impidió el desplazamiento del vehículo, ante lo cual la ministra se bajó y comenzó a conversar con ellos aunque no parecieron entenderse. Ella sostiene que la actual propuesta de Ley de Educación «busca la participación de los estudiantes» y los jóvenes agremiados allí presentes contestaron que eso es «mentira». Ahí mismo pidieron ser escuchados, por lo que la ingeniera Simon dijo que solicitaran una reunión, causando la hilaridad de los interpelantes, que demandaron se fijara fecha en ese momento, alegando ella no tener la agenda consigo.
Claro que hay maneras y maneras de pedir las cosas, por más atención que estas merezcan. También es verdad que muchas veces los mecanismos burocráticos funcionan para alejar a los ciudadanos y su problemática de los gobernantes y no facilitan el acceso al intercambio necesario en las decisiones de interés colectivo.
Al votar cada cinco años se elige un plantel de gobierno y hay que dejar hacer pues para eso depositamos la confianza en ellos. Pero si se crean expectativas como el Congreso Nacional de Educación y luego al diseñar la normativa se hace a solas y la gente no ve reflejadas sus aspiraciones, aportes que para ser preparados insumieron tiempo, esfuerzo y esperanzas de muchas personas, la frustración y la queja son consecuencias lógicas.
Volviendo al instante de la retención del auto; al tratarse de jóvenes, la inexperiencia podría explicar un hecho que de otra forma se tildaría de cobardía. Tengamos presente que hablamos de una señora, rodeada de un grupo de muchachos ofuscados que le prohibían pasar.
El enfrentamiento agresivo, la descalificación, son métodos equivocados para conseguir el respeto buscado a las ideas que seguramente necesitarán otros ámbitos para ser enriquecedoramente discutidas. La propia esencia de lo que se trata educación desautoriza este tipo de embestidas. Tenemos tradición de pueblo que rinde culto a las buenas costumbres y normas de convivencia pacífica, y hago votos para que nos tomemos en serio cultivar hábitos de amabilidad en el trato con el prójimo.
En el episodio que relatamos, aunque existió voluntad de la ministra de prestar atención a lo que se planteaba, no era el lugar adecuado y menos las circunstancias para que pudiera darse una discusión seria.
Creo sinceramente que el apremio, la amenaza latente, la imposición, desvalorizan como interlocutores a los autores del exabrupto, incluso para entablar instancias posteriores de diálogo, sin objetar que el planteo tenga fundamentos racionales que avalen un justo reclamo.
Que los estudiantes, como cualquier otro grupo de la población, deben ser atendidos a la hora de explicar su disconformidad y pensamientos alternativos, no hay dudas.
En este sentido, creo que la jerarca pudo brindar una respuesta contundente en cuanto a la posibilidad concreta de recibirles. Si alegó no tener a mano la agenda, seguramente tendría un secretario abocado a esas tareas a una llamada telefónica de distancia como para solucionar la cuestión en el momento. A decir verdad, a los gurises se les pasó la rosca con la agresión en una especie de «copamiento» callejero, y de Simon se podría haber esperado que aprovechara el forzado acercamiento para asumir un mayor compromiso con el espacio reclamado por voces que quieren hacerse oír, a las que seguramente no acallará una agenda indisponible.
Sobre todo teniendo en cuenta que hay muchos sectores que están disconformes pues sus contribuciones al Debate Educativo incluida la de nuestro colectivo reivindicando revalorización y estudio en profundidad de las raíces identitarias indígenas y africanas en la enseñanza curricular no fueron tomadas en cuenta en el proyecto de Ley de Educación actualmente en trámite parlamentario.
El buen funcionamiento de la democracia participativa exigiría que rápidamente fuera la propia ministra la que generara los caminos de encuentro, y así desmentir a los que piensan que la única forma de que los escuche es impidiéndole el paso.
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