Un pequeño gran país

Por todo. Un país bárbaro. Hermoso por fuera y también en muchísimas cosas por dentro. Capaz del éxodo, de los 33, de Artigas y todos los que lo acompañaron. Del No en el plebiscito de la dictadura. De la resistencia implacable, paciente, inquebrantable. De la amorosa tenacidad de los familiares de desaparecidos.

Un país orejano, empecinado hasta la sangre si no hay más remedio. Un país de Ansina, Oribe, de Vaimaca Perú y Guyunusa, de Batlle y Aparicio. De Varela, de Frugoni, de Dionisio Díaz, de Grauert, de Brun, de Herrera, de Wilson, de Seregni, de D’Elía, de Sendic, de Zelmar y el Toba. De Vaz Ferreira, Estable, Rodó, Manuel Quintela, Torres García, Blanes, Barradas, Figari, Florencio Sánchez, Eduardo Acevedo, Jesualdo, Bartolomé Hidalgo, Ruben Lena, Alfredo Zitarrosa, Vilamajó, Piria, Fabini, Onetti, Benedetti, Galeano, Tomás de Mattos, por citar sólo algunos. Y mujeres de la talla de Melchora Cuenca, Ana Monterroso, Luisa y Paulina Luisi, Julia Arévalo, Enriqueta Compte y Riqué, Delmira Agustini, Juana de Ibarbourou, María Eugenia Vaz Ferreira, Petrona Viera, Idea Vilariño, Reina Reyes, Adela Reta, Alba Roballo, Tota Quinteros, Elisa y Matilde, por mencionar las que me vienen en catarata, pero faltan decenas, centenares, de uruguayas y uruguayos que ustedes completarán. Y no quiero dejar fuera a Nasazzi, Scarone, Andrade, Obdulio, Schiafino, y todos aquellos que asombraron al mundo con la exacta mezcla de espíritu deportivo, templanza, audacia, esfuerzo y talento. Tuvieron el gran mérito de demostrarnos que, de antemano, once contra once, no somos menos que nadie.

Un mundo en pequeño

Uruguay ha sido pródigo en mujeres y hombres valerosos y valiosos, que le han dado al país y al mundo invalorables aportes en todas las áreas. En la política, en las ideas, la filosofía, la ciencia, la arquitectura, la literatura, la música, las artes plásticas, el teatro, la docencia, las comunicaciones, los deportes. Somos un país cosmopolita, con muy escasa descendencia indígena, pero con una inmensa y permanente integración de las más disímiles culturas. Todos los que han llegado a estas tierras han tenido su oportunidad de formar y criar sus familias en igualdad con los demás. Manteniendo, los que han querido, sus culturas y sus costumbres. Integrando todos una pequeña gran nación que contiene a todas ellas pero que es mucho más que la suma de ese numeroso grupo de colectividades inmigrantes. Uruguay es tierra de libertad, de trabajo, de amor por la naturaleza, de vocación pacífica, de lucha contra la injusticia, de solidaridad, de familia, de amistad, de trabajo y progreso, de bienestar y felicidad para los que vienen.

Nuestro patrimonio

Eso es lo que sentimos y buscamos los uruguayos. Eso es lo que, mal o bien, hemos intentado construir con defectos y virtudes. Pero somos un pueblo que, mal o bien, vive la vida con intensidad, con preocupación, con amor. Por eso quienes llegan aquí no sólo se enamoran de nuestras costas, de nuestro campo, de nuestra ­todavía­ seguridad en relación a otros países, sino de nuestra gente. De su manera de ser. Gente sencilla, respetuosa, atenta, amable, solidaria. Por eso vienen más turistas. Por eso cada vez se radican más extranjeros aquí. Claro que hay un montón de problemas a resolver. Pero ayer y hoy son días de reflexión en cuanto a lo que nos pertenece. De lo cual hay mucho por valorar y aprender. De lo que nuestros antepasados construyeron, a lo que nosotros estamos intentando mejorar, y fundamentalmente, a lo que los jóvenes necesitan visualizar y valorar porque es de y para ellos. Porque nos gustaría que desearan quedarse aquí y que aquí tuvieran la posibilidad cierta de hacer sus vidas.

Disfrutemos de este fin de semana. No escatimemos el sentimiento de sereno orgullo y profundo afecto por lo que es nuestro. Compartámoslo sin vergüenza y sin fanatismo con nuestros hijos y nietos.

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