Que el Congreso no se olvide

El Frente Amplio puede encaminarse a un cisma sin precedentes si no reflexiona sobre lo que proponen algunos dirigentes y la frustración que el triunfo de dichos planteos puede generar en su militancia, militancia sin cuyo esfuerzo será estéril todo esfuerzo por ganar las próximas elecciones. De acuerdo a la última encuesta de Factum, de casi mil personas consultadas, en una interna el 52% votaría a Mujica y el 42% a Astori. Por su parte, la consulta efectuada por Cifra revela que el 49% de los votos iría para el senador José Mujica, un 32% para Danilo Astori y un 14% para Tabaré, opción invalidada por el propio aludido, que ha rechazado la reelección. Estos resultados han sido ratificados por otros sondeos que muestran semana a semana un crecimiento sostenido a favor de la fórmula Mujica-Astori por encima de la segunda: Astori-Mujica. Como sea, ya nadie se atreve a discutir que ambos líderes deben ir juntos a enfrentar al conglomerado blanquicolorado, el cual tiene a favor grandes capitales y poderosos medios de comunicación. El capital de las fuerzas progresistas está constituido sólo por el entusiasmo de su militancia; estas fueron las que lograron el triunfo en las pasadas elecciones y estas serán las que determinen el éxito o el fracaso en las próximas.

Sin embargo, varios son los dirigentes que plantean un terror patológico a una elección interna y abogan por una fórmula de consenso encabezada por Astori. El senador Rafael Michelini (cuyos editoriales leo siempre con mucho respeto e interés) ha planteado que esa es la mejor manera de captar el voto del centro del electorado, el cual al volcarse hacia la derecha o hacia la izquierda determina el resultado de los comicios. Esta vez me toca disentir con Rafael. No podemos ganar a costa de mostrarnos como lo que no somos, y lo que somos es un partido de izquierda. Negarlo sería prostitución cívica. ¿Qué importa más, el triunfo o nuestros ideales? ¿Podemos sacrificar nuestra coherencia y honestidad intelectual en aras de la victoria? ¿Ganar para ser un gobierno de pseudo-izquierda y mantener una política exterior cuya neutralidad no se diferencie para nada de la cobardía, para beneplácito de Estados Unidos? ¿Queremos un gobierno con el cual no puedan contar Bolivia, Venezuela, Nicaragua o Ecuador en caso de que la potencia del norte les ponga la bota encima? ¿Valen más los negocios que podamos hacer con EEUU que nuestra dignidad? También la lista 738 ha planteado la fórmula encabezada por Astori. El hecho es que en diciembre el Congreso deberá decidir quiénes serán los candidatos a la presidencia y vicepresidencia. He aquí el problema. Si en dicho Congreso se llegara a una fórmula diferente a la preferida por la inmensa mayoría de los militantes (Mujica-Astori), podría generarse entre la militancia y la dirigencia un conflicto cuyas proporciones no me atrevo a predecir. En la visión menos dramática, medio Frente se quedaría en la casa durante la campaña electoral, y con su inercia, quedaría bendecido el regreso de los oligarcas al poder y se borrarían de un plumazo, como prometió Lacalle, todos los avances sociales logrados por este gobierno.

Lo más ético es que esa militancia, la que se rompe la espalda trabajando de sol a sol, la que gasta las suelas de los zapatos recorriendo cada barrio para lograr que sus dirigentes sean lo que son, tenga la palabra definitiva; esto implica que el Congreso dé el visto bueno para que en junio de 2009 sea la gente la que decida el orden de la dupla Mujica-Astori. ¿Desde cuándo le tememos a la democracia interna? Tenemos una oportunidad única de mostrarle al mundo una interna civilizada, respetuosa y ejemplar. ¿Qué otra cosa cabe esperar de la caballerosidad de Astori o la nobleza de Mujica? Como afirmaba en estas páginas Jorge Pasculli: «No hay nada más estimulante y motivador que tener la oportunidad de participar y decidir. Mucho más aún si lo que se va a decidir es nada menos que una de las dos fórmulas con posibilidades de conducir el próximo gobierno. (…) La izquierda debe perderle el miedo a discrepar y a competir en público. Es una debilidad de siempre. La izquierda, o algunos sectores dentro de ella, siempre le han temido a que las decisiones sean tomadas por las grandes mayorías, lo cual si bien ha posibilitado ‘pequeños triunfitos’ también ha sido pequeña la participación popular que se ha conseguido con ese tipo de procedimientos.» De última, si nos toca pelear un poco entre nosotros… ¿Cuál es el problema? ¿Acaso la pasional pugna entre Hillary Clinton y Barack Obama no dejó mejor posicionados a los demócratas por encima de los republicanos al acaparar la atención de los medios de comunicación? Por respeto a la memoria de tantos compañeros que entregaron su vida por el triunfo de la izquierda, vamos a las urnas a defender a nuestro candidato con todas las ganas, con todo el entusiasmo y, por supuesto, con todo el respeto hacia quien piense distinto. Una imposición del Congreso olerá a decisión de cúpulas negociando entre cuatro paredes. Si el mismo avala la fórmula Astori-Mujica a contrapelo de lo que grita la mayoría de los militantes, se podrá estar perdiendo por la izquierda lo que se gane por la derecha.

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