Las guerras "humanitarias"
Cuando se lanzó la guerra de Kosovo, como antes había ocurrido en la Guerra del Golfo, las grandes potencias organizadas militarme en la OTAN no presentaron la cruzada en nombre de sus intereses políticos ni económicos.
No se trataba, como en 1939, de una acción bélica destinada a demostrar la superioridad de una nación y construir un imperio que duraría mil años.
Ni restaurar, como proclamaba Mussolini, la grandeza del Imperio Romano.
En 1994 y 1995 en el Golfo, o en Bosnia como en 1999 en Yugoslavia tampoco estaba en juego la integridad territorial de los grandes estados europeos, o de los EEUU.
No existía el riesgo de una humillación nacional ni el desfile de las tropas de otro país por las avenidas de las grandes capitales. No.
Las guerras estaban, se dijo, fundadas en «razones humanitarias».
Apenas unos meses después, la aparición en Italia, España, Francia y Alemania de un número creciente de soldados que padecen leucemia entre los que formaron parte de las legiones que operaron en Yugoslavia y la casi duplicación de los que padecen cáncer entre la población civil de las zonas afectadas por los bombardeos aliados en Bosnia, ha desatado una ácida controversia en Europa.
La prensa da cuenta en estos días de la intervención en el debate del gobierno de los Estados Unidos, que declara que había advertido a las tropas de la OTAN acerca de los riesgos de la utilización de proyectiles con uranio empobrecido.
También desde el Reino Unido se da cuenta que ya se habían formulado advertencias muy precisas acerca del carácter de este tipo de proyectil y sus efectos sobre la salud de los seres humanos.
El cuadro general presenta todas las características del tipo de situación anticipada por las grandes novelas de la ficción científica pesimista de George Orwel o Aldous Huxley, hace más de cincuenta años.
Los fabricantes que proveen al Estado, los jefes militares que esconden información, los dirigentes políticos representativos, surgidos de la soberanía popular que, cómplices con los militares, ocultan los hechos y mienten.
En contraposición a estas fuerzas retardatarias y criminosas, hombres de ciencia que denuncian la aplicación de formas de guerra química, periodistas independientes que indagan, algunos políticos decentes de la oposición que procuran llegar a la verdad.
El cuadro de reacciones europeo ante el síndrome de los Balcanes contiene los elementos del prototipo de la guerra, el cinismo y la brutalidad contemporánea.
Decenas de miles de personas civiles y militares estuvieron expuestas al lanzamiento de más de 32 mil obuses con cargas de uranio empobrecido.
No hay explicación alguna, ni en términos geopolíticos ni militares, para esta agresión.
El episodio importa y vale la pena jerarquizar la labor de los periodistas, políticos y hombres de ciencia que impulsan el conocimiento de la verdad y la denuncia de lo que el síndrome de los Balcanes significa.
En esos individuos o instituciones que se atreven a ir a contracorriente de los Estados Mayores civiles y militares que agreden, mienten y manipulan, en esas conciencias vigilantes reposa la credibilidad moral de Europa y los países implicados en las acciones militares de la OTAN.
En momentos en que se dan pasos decisivos para instalar, de acuerdo al Tratado de Roma, un Tribunal Penal Internacional, que persiga a los responsables de delitos contra la humanidad, la investigación acerca de los crímenes cometidos en las llamadas guerras humanitarias es fundamental.
Para darle credibilidad a la existencia de un derecho internacional capaz de ser aplicado con imparcialidad y verdadero sentido de la justicia.
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