EDITORIAL

El debate inolvidable

Este viernes 26, casi todo el mundo pudo ver en directo, TV mediante, el primer debate entre los dos aspirantes al trono en EEUU. Dos seres sumamente civilizados, respetuosos uno del otro, no se levantaron la voz, no se señalaron con el dedo, no hubo gestos de malhumor, desagrado, ni frases fuera de tono. Es más, a diferencia de la trasmisión de los premios Oscar, la traducción simultánea fue muy satisfactoria.

Lamentablemente, lo que oímos está «fuera de concurso». Para quien no lo vio, le informamos que se trató del primer debate televisivo que versó sobre la economía y las relaciones internacionales (habrá nuevas instancias sobre otros temas). Si el lector hubiera querido enterarse a través de esta instancia de la crisis económico-financiera que vive EEUU y cómo proponen salir de ella, bueno, se hubiera quedado con las ganas, porque se trató de una discusión de boliche donde uno le dice al otro que tiene la culpa de lo sucedido y a la inversa. La diferencia con la discusión de boliche es que los que hablaban eran uno de los dos posibles presidentes, a corto plazo, y por cuatro años, de la potencia más importante y dominante en el mundo.

Pero tal vez lo más sorprendente fue cuando se comenzaron a analizar las relaciones internacionales. La palabra guerra fue la que resonó (faltaron los tambores) con mayor frecuencia, se habló de enemigos y cómo aniquilarlos. No hubo alusiones a mejorar y fortalecer las Naciones Unidas, a mejorar el medio ambiente, a mejorar las relaciones políticas y comerciales del mundo, a buscarle soluciones al problema del hambre, la pobreza, la infancia, el sida y todo lo que queramos agregarle. Se habló de los enemigos: Irak, Irán, Afganistán , Pakistán, Corea del Norte, Al Qaeda, Bin Laden y cuál es la mejor forma de aniquilarlos.

Es más, el señor Mc Cain habló de evitar un nuevo holocausto (¡!), habría que preguntarle cómo define lo que hicieron sus tropas en Irak desde hace 6 años e incluso dejó entrever las dudas que aún le merecen China y Rusia. Las discrepancias y reproches se basaron en la forma de hacerlo que cada uno propone por aquello de que cada maestrillo con su librillo pero no el objetivo de aniquilar el enemigo.

La verdad es que en el Uruguay siempre pensamos que había diferencias entre republicanos y demócratas, si las hubo, ya no las hay. Se sienten dueños del mundo y por tanto con derecho a hacer cualquier cosa. En fin, una visión belicista del mundo, que no está exenta de dos grandes temas que no se trataron pero estaban subyacentes: tenemos que asegurarnos el petróleo cueste lo que cueste y tenemos que darle vida a nuestra poderosa industria armamentista.

Alguien podrá pensar que los problemas están lejos de nuestro «barrio», sin embargo, conviene recordar que ya están calentando los motores con la flota para el Atlántico que afortunadamente estará realizando en todas nuestros naciones acciones de paz, de apoyo y de ayuda.

Cuando Brasil y todos los países de la región ponen el grito en el cielo por «este nuevo aporte», obviamente que están teniendo en cuenta la mentalidad de los gobernantes (presentes y futuros) de EEUU, ya que la aparición de la flota de solidaridad que nos envían aparece en nuestra zona cuando comienzan a aparecer interesantes yacimientos de petróleo y gas y hay indicios cada vez más claros de que ahora sí se vislumbra el comienzo de un proceso de integración regional que habrá de recorrer un camino sin duda árido y con retrocesos y desviaciones, pero con indicios que está buscando principios sólidos sobre los cuales cimentarse.

No conocemos los temas a debatir en los próximos encuentros. Por el bien de la humanidad, esperamos otro nivel por parte de los aspirantes a la presidencia de los EEUU.

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