Momento crucial para la lucha contra la pobreza global

En la Cumbre del Milenio del año 2000, los jefes de Estado de todos los países de América Latina y el Caribe se unieron a los líderes de todo el mundo para hacer promesas ambiciosas pero muy serias. Iban más allá de proclamas imprecisas sobre la necesidad apremiante de luchar contra la pobreza al ofrecer una serie de compromisos medibles para mejorar el nivel de vida de las personas alrededor del mundo en un plazo específico.

Estas promesas se convirtieron en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y no son sólo una promesa de la comunidad internacional sino un plan que establece metas cuantificables en materia de salud, educación, pobreza, hambre, medio ambiente e igualdad de género, que son temas que siguen siendo un desafío para nuestra región.

El 25 de setiembre los líderes se reunirán nuevamente, ocho años después, para volver a tratar los ODM y ver en qué áreas el mundo puede hacer más para alcanzarlos dentro de la fecha límite en 2015. Los Objetivos son alcanzables, pero requerirán acciones concertadas, creativas y decisivas de parte de la comunidad internacional. Esa es precisamente la razón por la cual, en esta reunión de alto nivel, el secretario general, Ban Ki-moon, está pidiéndole a los líderes del mundo, tanto del Norte como del Sur, compartir sus planes concretos y los próximos pasos a dar para cumplir con estos compromisos.

Este es un momento crítico dado que el enlentecimiento de la economía, los altos precios de los alimentos y de los combustibles y el cambio climático amenazan el progreso ya logrado. Sin embargo, hemos presenciado mejoras, ejemplos en todo el mundo donde se han dado cambios verdaderos y donde países que se enfrentan a obstáculos abrumadores han logrado sobreponerse a ellos. El resultado es que se han logrado con anterioridad ciertas metas esenciales de los ODM. Más importante aún, detrás de las estadísticas hay personas reales que están saliendo de la pobreza y llevando una vida más saludable y productiva.

En nuestra región, Chile es conocido por su variedad de programas públicos que ofrecen a sus ciudadanos apoyo; sin embargo, a pesar de estos esfuerzos, las familias más pobres no están equipadas o suficientemente informadas para sacar provecho de ellos. Por lo tanto, todavía hay una cantidad considerable de chilenos que no se benefician de la prosperidad del país. En respuesta a esta disparidad, Chile estableció el programa Chile Solidario para ayudar a las familias más pobres a tener acceso a los programas nacionales y públicos que ofrecen ayuda, establecen un nexo esencial y les informan de sus derechos como ciudadanos, de modo de que puedan tener acceso a los subsidios y a los servicios que están a su disposición.

Como resultado, Chile ha visto un progreso notorio en la reducción de la pobreza, pasando del 38,6 por ciento de la población total en 1990 al 13,7 por ciento en 2006. La pobreza extrema se redujo del 12,9 por ciento al 3,2 por ciento. Hasta ahora el programa ha ayudado a cerca de 225.000 familias extremadamente pobres. Los esfuerzos actuales están dirigidos a mejorar aún más el programa, al igual que se considera ampliarlo, después de evaluar cuidadosamente sus resultados.

El Salvador se dio cuenta de que necesitaba enfoques más flexibles y más orientados a la educación, y comenzó a involucrar a las comunidades, a los padres de familia e incluso al sector privado en la educación. Gracias a programas tales como Educación con Participación de la Comunidad, el país está cerca de alcanzar su objetivo de asegurar que todos los niños en edad de educación primaria asistan a la escuela.

Entre 1990 y 2007 la participación en la educación primaria y secundaria aumentó un 17 por ciento y un 35 por ciento respectivamente. Eso quiere decir que el 95 por ciento de los niños en edad escolar va a la escuela y que el 60 por ciento de las niñas y de los niños en edad de educación secundaria están escolarizados. Además, la igualdad de género en la educación primaria y secundaria ya se ha logrado, así como la meta en cuanto al promedio de alfabetización. A pesar de estos avances, se necesita aún más para mejorar la calidad de la educación en la actualidad, no sólo para mantener a los niños en la escuela y mejorar lo que se les enseña, sino también para darles habilidades que serán esenciales en los mercados laborales del futuro.

En Ecuador se ha declarado a los ODM política de Estado (en 2005). En los últimos años, los ODM han estado constantemente presentes en los programas sociales a través de tres administraciones distintas. Esto ha significado políticas públicas a largo plazo en temas fundamentales como la educación, la salud y el medio ambiente. Los ODM han sido incorporados en forma, en espíritu y en contenido al Plan Nacional de Desarrollo. La administración actual ha relacionado la planificación con la inversión pública.

Los ODM no sólo han sido vitales para darle continuidad a las políticas sociales en el ámbito nacional, sino que han establecido un marco de continuidad y armonización entre la administración central y los territorios, para asegurar que los ODM sean considerados prioritarios.

Todos estos esfuerzos y compromisos por parte del gobierno y de los actores nacionales presentan un panorama muy prometedor para que el Ecuador haga un progreso continuado en su camino para alcanzar los ODM en los años venideros.

América Latina tiene, pues, razones para celebrar, pero también tiene todavía mucho por hacer. Hay una gran heterogeneidad en la región en lo que respecta a resultados. Sólo algunos países parecen estar dentro de los plazos para alcanzar el objetivo relativo a la pobreza, por ejemplo; éstos incluyen a Brasil, Chile, Ecuador, México, Perú y Venezuela, lo que deja atrás al resto de la región según la tendencia actual. Lo que es más importante es que, en nuestra región, tenemos que ser más ambiciosos y tenemos que mirar más allá de los promedios.

Sabemos de sobra que se necesita aún más para alcanzar los bolsillos marginados de la población que está atrapada en la pobreza y que tiene pocas esperanzas de mejorar su situación y la de sus hijos.

Para este grado de ambición y para que los Objetivos sean una realidad para todos en la región, los compromisos asumidos en la última reunión de los ODM que trata de la alianza mundial y de la necesidad de que los esfuerzos vengan del mundo desarrollado, tendrán que mantenerse.

En especial, por un lado, el aumento de la ayuda hacia los países que más la necesitan, y por otro, la implementación de las medidas para ampliar los flujos comerciales y para abrir los mercados a través de acuerdos multilaterales para ofrecer nuevos mercados para sus exportaciones. Con una presión mundial creciente que amenaza invertir el progreso, ahora más que nunca el diálogo mundial debe convertirse en acción, que es la más preciosa divisa internacional.

Los ODM son alcanzables, pero sólo si los líderes mundiales que se reunirán en Nueva York esta semana cumplen con sus compromisos y toman medidas positivas y rápidas para mejorar la situación de todos, independientemente de dónde y de quiénes sean. No están solos. En este momento crucial, decisivo en la campaña, el mundo está atento.

A los jefes de gobierno se les unen cientos de directores ejecutivos del sector privado, de filántropos y de líderes de la sociedad civil.

Todos tenemos la función como ciudadanos responsables, de apoyar los esfuerzos de los gobiernos para que cumplan estas promesas y aumenten la intensidad de sus esfuerzos en los próximos siete años para terminar con la pobreza ­en materia de salud, ingresos, educación, recursos, nutrición­ y mejorar la equidad en América Latina y más allá.

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