Los vascos

Leopoldo Amondarain *

Es significativo la persistencia de la llamada prensa grande, ya sea la confesional de la calle Cuareim como el autodefinido como el de «mayor tiraje» contra los vascos. Han existido y existen conflagraciones muchísimo más crueles, duras y a nivel mundial global gravitantes que la lucha entre el pequeño pueblo vasco contra dos potencias como España y Francia.

El gobierno yanqui, por ejemplo, acaba de votar 1.300 millones de dólares para militarizar sofisticadamente y vietnamizar Colombia. Esto sucede en nuestro continente o sea debajo de nuestras narices. Se apronta una guerra intervencionista yanqui «al lado de casa». «En lo del vecino». Que son nuestros hermanos indoamericanos por añadidura. Y estos periodistas, alcahuetes del imperio, no escriben ni una cuartilla en contra, dedicándose prolijamente a denostar a los pobres vascos que luchan por su soberanía e independencia. Pero voy más lejos aún. Si hacemos historia, tampoco mencionan los crímenes que a lo largo del tiempo tanto España como Francia han cometido profusamente y que dejan ruboroso al peor de los etarras.

Baste recordar los crímenes de Maroto, Espartero, Cánovas del Castillo, el Gral. Primo de Rivera, el caudillo Franco, Gernika cuyo genocidio lo decidieron y ordenaron los españoles, los modernos GAL, grupo paramilitar organizado y pagado por el gobierno español para asesinar vascos, sin perjuicio de no olvidar los cometidos en América tales como el exterminio del pueblo azteca e inca para llevarse el oro a Madrid sin siquiera «amagar» devolverlo jamás. Y en cuanto a la Francia eterna como gustan definirla, recuérdese como muestra reciente el haber puesto en riesgo ecológico, físico y geográfico una vasta área con todos los habitantes del cercano entorno, para hacer detonar probando y demostrando su potencialidad bélica, cinco bombas atómicas en el atolón de Mururoa por orden del propio Chirac. ¡Y después vienen a «joder» (no encuentro otra «licencia» idiomática más gráfica al respecto) con que los vascos son terroristas y criminales! ¿Y ellos qué son? ¿Alumnos de la Madre María Teresa de Calcuta acaso? ¡Hato de asesinos! Cuando los yanquis bombardearon una ciudad abierta como Bagdad y enterraron literalmente al ejército irakí con topadoras en la guerra «tormenta del desierto», el «viejo» Bush y su general el «morocho» Power, ¿qué fueron? ¿Alumnos del Convento de las Hermanitas Ursulinas tal vez?

¿Alguien ha escrito alguna «línea» periodística condenando el genocidio que se está cometiendo por el bueno de Putin y sus rusos contra el heroico pueblo checheno que también lucha por su soberanía y libertad? Pero para estos periodistas defensores de la globalización democrática mundial pro yanqui, pro ingleses, pro Francia, pro España, pro Rusia, etc., o sea pro los poderosos, jamás pro chicos o débiles, los vascos en su pequeña Euskadi son los criminales y terroristas. ¡Qué tupé!

Lo que no se dice ni se trata de revelar, son las otras razones políticas en juego. ¿Qué diferencias sustanciales hay entre la vieja Unión Soviética y la actual España en su formación? La Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas era una unión artificial de distintas etnias, pueblos o naciones que ni racial, ni idiomática ni costumbrista o cultural tenían nada en común. Solo las unía la ideología (partido comunista) y la fuerza del ejército ruso. Más nada. Bastó que se resquebrajara la ideología para que reventaran los nacionalismos y todo se hiciese pedazos. ¿Qué tenía que ver un moscovita con un checheno, un cosaco con un georgiano o un afgano con un lituano, por ejemplo? Tampoco nada. El «ser» nacional de cada pueblo no se puede tener eternamente bajo la bota. Decía Talleyrant a Napoleón: «Sire, con las bayonetas se puede hacer de todo menos sentarse sobre ellas». Si alguien hace apenas quince años hubiese asegurado que la pequeña Lituania o Estonia se liberarían de Rusia, lo hubiesen tomado por loco. Sin embargo, hoy son independientes.

¿Y España qué es? Es otra unión artificial de etnias, pueblos o naciones que nada tienen que ver entre muchos de ellos. Los vascos por su milenaria antigüedad y su idioma propio y diferenciado son los más notorios. Pero los demás vecinos son similares. ¿Qué tiene que ver el «divertido» andaluz con el adusto gallego, o el «trabajador» madrileño con el comerciante catalán, o un extremeño con un canario? Tampoco nada o casi nada para no ser muy duro. Historias diferentes, idiomas o dialectos distintos y hasta culturas y costumbres encontradas entre sí.

A España lo une la fuerza del ejército (donde reside la defensa de la soberanía según la Constitución) y la ideología. En este caso la religión. No olvidar el conocido aserto que España es la hija mayor de la Iglesia. Y tienen razón. Pues, solo la Iglesia vasca que siempre fue contestataria y libertaria, Franco fusiló curas vascos y aún hay obispos y clero bajo que entre sermón y sermón se cuenta, que hablan de «patria vasca», nación vasca, etc., y hasta anda por allá algún historiador que sostiene que la ETA nació en conventos jesuitas vascos, cosa que para los que somos hijos de Loyola (que también supo ser vasco) no nos llama «demasiado» la atención que fuese cierto, a la Iglesia como institución le sirve obviamente una España unida aunque poco sea lo que tienen de común entre sí. Baste que alguna circunstancia le sea adveras, para que se pueda repetir el fenómeno soviético. Porque no quepa dudas, que detrás de los vascos si se independizaran, se vienen los catalanes y algunos otros más. Ese es el meollo del problema. Es obvio que los «malvados» vascos, para estos periodistas españolistas, son los más decididos y peligrosos. Lo que hoy es una lírica «locura», al igual que los lituanos o estonios lo fueron en su momento, mañana el País Vasco puede y va a ser realidad. Ese es el verdadero temor y la verdad. ¡Gora Euskadi askatuta!

* Convencional del Partido Nacional

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