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Al Poder Ejecutivo, al contador Alberto Bensión y a su equipo económico, que otorgaron un 2,8 por ciento de aumento anual a los pasivos.

La cifra acordada tiene mucho de burla. Una burla inhumana y sin humor. Una bofetada al rostro de los pasivos –hombres y mujeres que trabajaron toda su vida y merecen vivir una vejez con dignidad– y también al de la sociedad toda.

Como acertadamente señalaba uno de los dirigentes de Onajpu, el aumento acordado significa –para aquellos que cobran un salario mínimo de jubilación– un peso por día, algo con lo que adquirir un bizcocho…

Algo que se parece más a una limosna y que, por tanto, ofende a quienes no están mendigando sino que esperan contar con un retiro decoroso que les permita satisfacer sus necesidades básicas.

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