La mejor historia no es sólo de la izquierda

La izquierda se abanderó con la idea de la verdad, lo que es uno de sus signos de identidad. Por lo general, cuando se habla de la verdad se la identifica con el tema de los derechos humanos, pero eso no es siempre así. Diría más: es un grave error identificarla exclusivamente con el descubrimiento de las tragedias cometidas por el régimen cívico-militar contra los uruguayos, fueran militantes o no.

Algunos dirigentes del Frente Amplio están cometiendo un grave error histórico cuando dicen que «blancos y colorados, durante 175 años fueron los responsables» de la mala herencia que recibió el gobierno del Frente Amplio en 2005.

Eso es un disparate del punto de vista histórico, pero también es una burrada cuando se intenta ­se debería intentar­ construir alianzas para hacer avanzar el proceso de cambio que está viviendo el país.

Uruguay fue, durante muchos años, un país de avanzada en América Latina en relación a otros países de América del Sur. Lo fue en desarrollo económico, pero también en educación, cultura y en materia de desarrollo de las políticas sociales. Se llegó a decir que éramos «La Suiza de América» o «La tacita del Plata».

Ese país, en lo sustancial, lo construyeron colorados y blancos, particularmente los primeros, sin olvidarnos de José Pedro Varela, bajo el militarismo de Lorenzo Latorre.

Claro que se hizo con el aporte de las izquierdas, como fueron el Partido Socialista, el Partido Comunista y más tarde la Unión Cívica, de fuerte enclave cristiana.

Ese es el primer pecado de la soberbia: creer que el mundo maravilloso comenzó con el FA en el gobierno. Sostener esto no lo soportarían Líber Seregni, Zelmar Michelini, Alba Roballo, Sacha Previtali, Enrique Erro, Francisco Rodríguez Camusso, Paco Espínola, Luis Pedro Bonavitta, Adolfo Aguirre González, Rodolfo Nin Novoa, Jorge Saravia, Gonzalo Gaggero y Eduardo Platero (me incluyo en esta lista), para solo nombrar algunos.

El segundo pecado, que tiene que ver con lo anterior, es que ahora se dice que Danilo Astori fue el único ministro de Economía que se fue por la puerta grande. Y eso no es así, porque Alejandro Atchugarry se fue por la puerta grande, a pesar de haber participado de un gobierno que fue un fracaso y no solo por su responsabilidad.

La diferencia entre Astori y Atchugarry son inmensas, porque, entre otras cosas, Astori fue el primer ministro de la izquierda, con una exitosa gestión, mientras que a Atchugarry le tocó ser el ministro del segundo peor gobierno colorado en la historia, porque el de Juan María Bordaberry no tiene contrarios.

Pero Atchugarry no fracasó, y así lo reconoció todo el sistema político y AEBU, por lo menos. Tengo, además, la impresión de que los ministros de Economía de los gobiernos colorados de la década de los 40 también se fueron por la puerta grande, como ocurrió con aquellos que participaron de la gestión de José Batlle y Ordóñez.

Lo dicho, dicho está. La verdad, es lo único que es verdadero.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje