Las visitas del señor Presidente

El comienzo del nuevo siglo encontró al doctor Jorge Batlle en una febril actividad dialoguista.

Primero, para sorprender a aliados y a adversarios –cual es su costumbre–, recibió en su residencia presidencial al líder del partido opositor. Luego, a su rival interno; un ex lugarteniente que creció, opacó al líder del sector, fue elegido presidente en dos oportunidades y le disputa el liderazgo dentro del Partido Colorado; un aliado de cuidado.

Más adelante, le tocó el turno de ser recibido en Suárez y Reyes a otro ex presidente, adversario pero aliado de peso. El Presidente también dialogó con el senador Michelini, cuyo partido parece definirse por un alineamiento junto a la oposición.

Y para cerrar la ronda de conversaciones, el Presidente visitó al ex presidente del Frente Amplio en su residencia veraniega.

Cordialidad, sonrisas, abrazos, apretones de manos, palmadas en la espalda.

Un observador extranjero podría concluir que nuestro país es una especie de mosca blanca o un modelo de convivencia civilizada enmarcada en los cánones de la democracia representativa. Y no sería una conclusión demasiado errada.

El doctor Batlle parece dispuesto a seguir fiel a la imagen que pretende transmitir de sí mismo y a un estilo de hacer política que él inauguró, que es de su propio cuño y que lo diferencia notoriamente de sus predecesores en el cargo.

Hay que reconocer que el primer mandatario está haciendo gala de una ‘cintura’ política y de una habilidad para el manejo de la cosa pública que más de uno ha de envidiarle.

El primer efecto de su encuentro con Tabaré Vázquez consiste en haber generado un poco de confusión y un cierto desacomodo en filas progresistas. Fue una jugada oportuna, precisamente en momentos en que las posiciones parecían radicalizarse a propósito de las leyes de Presupuesto y de «urgente consideración», que intenta plasmar principios neoliberales tales como desregulaciones y desmonopolizaciones.

Ahora, el turno de mover es del Encuentro Progresista, que deberá enfrentarse al dilema de proseguir con la convocatoria al plebiscito en una clara actitud opositora o adherir al diálogo impulsado por el doctor Jorge Batlle.

Y la visita al general Seregni parecería inscribirse en una estrategia divisionista que apuntaría a introducir una cuña dentro del bloque opositor como forma de debilitarlo.

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