¡Hoy todos somos bolivianos!
Hoy yo soy boliviano y todos somos bolivianos. Uruguayos, sudamericanos y latinoamericanos somos todos bolivianos mientras esté en peligro la unidad territorial del Estado de Bolivia. La integridad del espacio soberano de Bolivia es condición necesaria para la estabilidad institucional y democrática, para la paz y para la continuidad del proceso de integración de América del Sur, y por ende del conjunto de América Latina.
El Estado boliviano está en el centro, en el corazón de Sudamérica, y su territorio participa de las tres zonas principales del continente: el área Andina, la Cuenca del Plata y la Cuenca del Amazonas. Por esta razón, desde el siglo XIX geógrafos, historiadores y geopolíticos destacaron el papel estratégico de Bolivia en Sudamérica. Una grave convulsión en Bolivia tendrá ineludiblemente repercusiones importantes en toda América del Sur, tanto en el orden político institucional, en el de la seguridad militar, como en el económico (especialmente a través de los gasoductos que abastecen a Brasil y Argentina).
Este rasgo estratégico del país del altiplano se ha acentuado con el creciente proceso de integración sudamericano. Ya nuestros países no viven meramente de cara a las metrópolis dominantes y de espaldas a la frontera continental sudamericana. Y por lo tanto las consecuencias de un enfrentamiento sangriento en Bolivia serían mucho más graves e inmediatas para todo el continente.
A medida que la integración sudamericana y latinoamericana avanza -a pesar de todos los inconvenientes- se ha convertido en una molestia para los poderosos del mundo, para la Nueva Roma del norte, que no quiere la consolidación de un poder insumiso en su viejo «patio trasero».
A la vez, los separatistas agrupados en el oriente boliviano, disfrazados de autonomistas, representan objetivamente los intereses de las transnacionales petroleras y el poder norteamericano.
En el oriente boliviano se concentra la riqueza gasífera de Bolivia, y en consecuencia con el apoyo de los «rubios del norte», como dijera Herrera, con la financiación y la logística del poder norteamericano, y la fuerza de las transnacionales petroleras, quieren apoderarse del gas boliviano, inventando un paisito insignificante que esté a merced de los intereses extranjeros.
Respaldamos en consecuencia al presidente legítimo y constitucional de Bolivia, Evo Morales, democráticamente electo por mayoría absoluta y refrendado recientemente en su investidura por más del 67% de los votos del pueblo boliviano.
Simpatizamos con las reivindicaciones de Evo Morales respecto de los derechos bolivianos sobre los recursos naturales del país, así como con el reconocimiento de la diversidad cultural que no debe anteponerse, sino complementarse con la profunda unidad de Bolivia y de América Latina.
Sin embargo, lo respaldamos esencialmente como el depositario de la legitimidad y de la unidad del Estado boliviano, que es lo que hoy quiere ser puesto en cuestión, no solamente por los enemigos de Evo Morales, por algunos de los racistas cruceños que desprecian a las culturas originarias, sino por los poderosos del mundo que se aprontan para beneficiarse económica y geopolíticamente de una eventual disgregación de Bolivia.
Nos congratulamos de la contundente declaración pacificadora de la Unasur en Bolivia que pone en evidencia la extremada importancia de los procesos de integración en nuestra región, no sólo en el aspecto económico, sino en todos los órdenes de nuestra existencia como pueblos. Solamente la acción unificada de nuestros países puede contrapesar la fuerza de la injerencia norteamericana.
¡Basta de agresiones, de xenofobias, de racismo, de amenazas, de demagogia, de saqueos, de masacres! Hoy todos somos bolivianos. Y debemos recordar que en el Uruguay y el Río de la Plata fuimos peruanos durante casi tres siglos del período colonial, ya que el Virreinato del Río de la Plata fue muy tardío. Y si nuestra capital estaba en Lima, la suprema autoridad judicial, la Audiencia de Charcas, y el centro económico, Potosí, eran altoperuanos, es decir bolivianos. No en vano miembros de la asamblea constituyente uruguaya como Jaime Zudáñez fueron próceres altoperuanos, bolivianos. Mucho más recientemente, en ocasión del trágico asesinato del «Toba» Gutiérrez Ruiz y de Zelmar Michelini, mientras los siniestros operativos de la dictadura rondaban amenazantes sobre Wilson Ferreira y su familia, fue un boliviano en Buenos Aires, el abogado Hugo
Navajas, representante de las Naciones Unidas, quien desempeñó un papel fundamental en resguardar y salvar a Wilson de las garras del Plan Cóndor.
De manera que con aquellos entrañables recuerdos en el corazón y con la convicción de que como decía Wilson «no hay modo de ser patriota de patria chica sin serlo simultáneamente y por eso mismo de la Gran Patria Común Latinoamericana» es que reiteramos lo del título: Todos somos bolivianos.
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