Durmiendo con el enemigo
La interpelación del ayer sobre la situación de Pluna terminó -como se sabía desde el principio- sin consecuencias para el gobierno. El senador Eber Da Rosa (Partido Nacional) reconoció en sala que la interpelación perseguía «objetivos electorales», y agregó que eso no estaba mal. Todo esto hacía presumir que esta interpelación, al igual que tantas otras, no dejaría nada útil a la ciudadanía, lo que por suerte no ocurrió.
En primer lugar, quedó en claro que ni la oposición ni el gobierno están conformes con la situación actual de Pluna y que unos y otros desconfían de las reales intenciones de LeadGate, el consorcio que hoy dirige la empresa de aviación. Todos preferirían tener como socio mayoritario a una empresa que hubiera apostado a jugar en la cancha grande como se había comprometido inicialmente. Pero en cambio, LeadGate decidió reducir la operativa de la empresa al mínimo, conservando los vuelos nacionales y el puente aéreo y desechando así cualquier estrategia de posicionamiento internacional de la empresa. La primera constatación de esta estrategia de jugar al achique es que la empresa no demuestra la solvencia financiera que aparentó en un principio para apostar fuerte a un plan de crecimiento e inserción internacional.
En segundo lugar, también es evidente que en este cambio del plan de negocios, el Estado vendió el 75% del paquete accionario por 15 millones de dólares y nada más. Pues ¿qué otra cosa aportó LeadGate? Convirtió un supermercado que daba pérdidas en un almacén de barrio que quizá -está por verse- de alguna ganancia. Pero, ¿era eso lo que queríamos? Si la respuesta es positiva, deberíamos preguntarnos para qué necesitabamos a LeadGate, pues esos USD 15: se podrían haber obtenido negociando un descuento en la compra de los aviones o de cualquier otra forma ya que no es tanto dinero para el Estado. Si en cambio la respuesta es negativa, y lo que queríamos es ir a más, entonces ¿por qué avalamos la compra de aviones que nos recortan esas posibilidades?
En tercer lugar, el Partido Nacional ha demostrado que le importa más su propio beneficio electoral que el éxito de Pluna. No sólo reconoce que se persiguió un objetivo electoral, sino que para lograrlo se «trituró» la credibilidad en LeadGate, en sus directores, y en la viabilidad de Pluna SA.
Cabe preguntarse cuánto daño se le puede introducir a una empresa privada cuando en forma pública se la trata como se trató ayer a Pluna SA por parte del Partido Nacional. Sin duda que interpelaciones de esa naturaleza afectan la credibilidad financiera de la empresa, su capacidad de obtener crédito y la confianza de sus potenciales clientes. ¿Quién querrá volar en una empresa cuyos dueños -los senadores representantes del Estado- reconocen que no tiene repuestos para hacer frente a daños menores, debiendo volver a Montevideo? o ¿que por falta de repuestos «lo puede dejar tirado dos o tres días» en algún aeropuerto por ahí?
El problema entonces va más allá de la confianza que el sistema político pueda tener en el interés o la capacidad de LeadGate para sacar adelante a Pluna SA. El verdadero problema es que una empresa privada que tenga al Estado como socio deberá estar preparada para lidiar con el eventual boicot que pueda hacerle alguien desde el propio sistema político para obtener alguna ventajita electoral. Deberá estar preparada para enfrentar la ventilación de sus problemas financieros y de gestión a los cuatro vientos, y de ver puesta en duda su capacidad, idoneidad, solvencia y honestidad por parte de sus propios socios. Todo en un ámbito mayor como es el Parlamento Nacional.
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