La vaquería del mar… ¡250 años después!
Viera Silva Goy *
Generación tras generación, nuestros productores rurales nacieron, se criaron y trabajaron, dentro de un régimen de concepción individualista de la vida. El sano orgullo ante los logros, la digna altivez de la competencia cristalina, la recta y mutua solidaridad circunstancial, el amor propio y espíritu gregario, la tenacidad y la bravura defendiendo sus convicciones y posesiones, son todos elementos en inherencia con esa tesitura vital.
Esa idiosincrasia agropecuaria existe hoy, a pesar de que su origen se encuentra en nuestros más remotos ancestros.
También existe hoy –después de atravesar nuestra historia durante más de 2 siglos (!)– el statu quo que funcionaba en la época colonial entre Montevideo y la campaña. En aquel entonces estaba, en sustitución de Buenos Aires por un lado; Montevideo: la economía española, los doctores, la industria, la exportación, el comercio, la importación, los militares, y los gringos, que dominaban el panorama. En el lado opuesto estaba la campaña: los productores, los asalariados, los mestizos, los mercachifles, el stock pecuario, la producción agrícola, y el contrabando.
Tales eran los rivales, enfrentados en la guerra más vieja que conoce la humanidad, que también ha llegado a nuestros días: La guerra económica.
Hoy, ¡siglos más tarde seguimos igual! Tenemos en un lado a Montevideo: el 1er. mundo, los doctores, la industria, la exportación, el comercio, la importación, los militares, y los descendientes de aquellos gringos; y fueron agregados: la burocracia, el sistema político, los tecnócratas, las multinacionales, el sistema financiero internacional, y las cooperativas. En el bando de la campaña tenemos todavía los mismos integrantes.
Hoy, como ayer, en este país la guerra la siguen ganando las ciudades.
El gobierno actual, en el medio de la promoción frenética de su línea económica, insiste con el eslogan de «cambiar las estructuras».
¿Qué le parece al Sr. Presidente si para empezar cambiamos la «estructura» de guerra económica (o coloniaje) que ya dura siglos? ¿Se atreve el Sr. Presidente a seguir hablando de «cambios cualitativos» o de «cantar la justa» a pesar del mantenimiento de tan inicua como anacrónica situación? ¿Habrá salido humo, producido por las seseras de quienes estudiaron –¡durante 4 años!– ese híbrido que bautizaron «plan ganadero», que es ambigüo, complicado, inescrutable en sus designios, y no confiable en su motivación? ¿Acaso creen, gobernantes y adláteres, que pueden decirle a los productores qué cosas deben hacer? Parecería que los productores son declarados incapaces, después de una vida de trabajo, sacrificio y aprendizaje.
La mayoría de la gente de campo sabe lo que hay que saber, y no necesita de directivas que contrarían su formación individualista secular. Los productores no tienen la culpa. Nada hicieron que causara la crisis. Los políticos y tecnócratas son los responsables de la dramática situación actual. ¿Cómo se atreven entonces a formular este ridículo e innecesario plan, que implica la afirmación de ineptitud del sector agropecuario? La gestión empresarial no necesita de agrupamientos o integraciones «horizontales» ni «verticales». Lo que sí necesita el sector, es financiación dentro de condiciones adecuadas al momento y a cada caso. ¿O acaso la intención oculta de este «plan» tentativo es cooperativizar al sector agropecuario para beneficio de grandes inversionistas, como es el caso de las actuales cooperativas rurales y agroindustriales?
No se conoce ningún socio de cooperativas afines al sector, que haya tenido algún beneficio económico por ser socio. Salvo directivos y/o grandes inversionistas.
El Sr. Presidente dijo: «Debemos hacer una Conaprole de la carne». Pero actualmente las cooperativas cárnicas y laneras le pagan al productor el mismo precio o uno menor aún que el pagado por un frigorífico o un barraquero comunes. Los insumos que compra el productor en la cooperativa son al contado y más caros que en el comercio, donde hay 90 días de plazo.
Sobre Conaprole, es muy ilustrativo el comunicado de prensa publicado por las gremiales de productores de leche hace pocos días.
Entonces, si el productor común que integra una cooperativa no obtiene beneficios: ¿a dónde van a parar los resultados de estas prósperas cooperativas? ¿Debemos pensar que una cooperativa es un fin en sí misma? En lugar de promover nuevas cooperativas, ¿no habrá llegado la hora de meter el dedo en las ya existentes? ¿No habrá que investigar también, sobre la presunta existencia de frigoríficos que exportan para sí mismos, reexportando desde el destino primario hacia un 3º país a precios mayores, o simplemente vendiendo directo al consumo en su destino primario, tragándose la famosa diferencia de precios del circuito no aftósico?
Preguntas similares son pertinentes para el arroz, los lácteos, etc.
De la lana digamos que cada vez que sube en el exterior, en Uruguay baja el precio, manejado por el contubernio de los monopolios compradores. Pero al gobierno no le preocupa la existencia de monopolios como Conaprole, la industria frigorífica, compradores y exportadores de lana, agroindustrias y cooperativas varias.
Y por último, sería bueno que alguien aclarara si está vigente o no la inmoral ley sobre exportación de cueros –prohijada por Sanguinetti– que fue derogada y reinstalada varias veces debido al latrocinio que implicaba.
El gobierno sabe muy bien cuáles estructuras hay que modificar. Son inaceptables y ofensivas, las pretendidas reafirmaciones de opresión y avasallamiento al campo que, ya tienen carácter de historia patria. Si Aparicio Saravia viviera, por mucho menos de lo reseñado, andaría ya revoleando el poncho y «la chuza» por las cuchillas.
Sería muy bueno para el país, oír las voces de la Federación Rural, Asociación Rural, INAC, SUL, Cooperativas, y Comunicadores.
Tienen la palabra.
* Productor rural de Cerro Largo
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