Alerta democrática
Michelle Bachelet ha convocado a una reunión de presidentes de América del Sur en estas horas y, en su condición de presidenta «Pro Témpore» de la Unasur (Unión de Naciones del Sur), instrumento que es de consulta y resorte para los mandatarios y pueblos de este continente que construye en el progresismo gobernante patria grande y dignidad.
Lo ha hecho en virtud de la situación de extremo peligro que viven nuestras democracias, reconquistadas a sangre y fuego , luego del devastador Plan de exterminio «Cóndor» instrumentado a través de cruentas dictaduras militares, muy presentes en la memoria colectiva. La sed de sangre y petróleo y de las reservas de gas, que son de todos los bolivianos y no de una minoría racista y clasista, puede posicionarse en la escena internacional como el último zarpazo del Sr. Bush, de su gobierno y aliados regionales y globales, que pretenden detener el avance del progresismo y controlar, con su maquinaria bélica, la riqueza que subyace bajo la superficie de la «pachamama». También, seguramente, desde la percepción imperial, se pretenderá justificar una intervención militar externa a la realidad continental, del mismo modo con el que se intervino en Irak, buscando los agentes y demonios que conforman el denominando «eje del mal». Lo cierto y real es que aquí existen intereses muy poderosos que guardan relación con lo antedicho y con la oligarquía santacruceña que tan fielmente representa el Sr. Prefecto Costas, servidor del imperialismo y genuflexo de Washington.
Debemos ser categóricos en señalar que no esperamos absolutamente nada sobre los eventuales sucesores de esta administración, enemiga del Derecho Internacional, de la coexistencia pacífica entre los pueblos, que se ha erigido en un verdadero azote para la humanidad y hacia lo más elemental del género humano que es el respeto a la vida, a la integridad física y psicológica de las personas. Es por ello que debe instrumentarse ya, en la región, una alerta democrática, una vigilia permanente que le impida a los golpistas y aliados cumplir con sus oscuros propósitos. Va de suyo que la política exterior norteamericana ha sido y continuará siendo implacable con América Latina, zona del mundo a la que continúa considerando como su patio trasero. La piedra de toque para los amos del mundo es que hoy el escenario latinoamericano no es el mismo de fines de los años 60. Existen democracias auténticas, gobiernos y pueblos que han comprendido a cabalidad su pertenencia a una región de paz, donde el irrestricto cumplimiento de los derechos humanos constituye su impronta más significativa y cara.
No será fácil esta vez generar el caos y la planificación de un golpe a lo Pinochet, urdido otrora bajo el fétido alero de los Kissinger y los Nixon. Debemos movilizarnos y solidarizar con Bolivia. Es también nuestra causa. De su integridad como nación depende la suerte de nuestras democracias. Es la hora del internacionalismo, del compromiso con nuestros más caros ideales. Debe finalmente señalarse que al asumir su mandato en 2006, la primera mandataria chilena, definió como prioridad en su agenda de política exterior la relación con Bolivia, en estas horas bloqueada y desabastecida de combustibles y alimentos por quienes no han acatado el veredicto del referéndum que durante el pasado mes de agosto ratificó al compañero presidente Evo Morales en la presidencia altiplánica.
Chile ha establecido, de común acuerdo con Bolivia, una agenda de 13 puntos que represente profundizar medidas de confianza mutua y generar, en torno a Arica, una zona que facilite a Bolivia su acceso al mar y al comercio exterior, a su desarrollo y expansión económica y que permita continuar dialogando sobre la recuperación de su cualidad marítima. Callar ante la agresión de la que hoy están siendo objeto las grandes mayorías, eternamente postergadas, del pueblo boliviano, es constituirse en cómplice de la desestabilización, del odio de clases, del racismo llevado a extremo, del desprecio que los ricos sienten por los indígenas desposeídos. Evo Morales es la cara del pueblo boliviano.
El nos representa a todos los latinoamericanos, pues su advenimiento al gobierno altiplánico es la expresión más genuina de la democracia, la transición de la sociedad de la injusticia y del racismo hacia la sociedad de la igualdad, de las pandemias sociales a la dignidad, de la esclavitud a la liberación de un pueblo y la construcción de una sociedad socialista. Debemos postergar nuestras cuestiones domésticas, pues urge Bolivia y en ello va también nuestra propia suerte. Todos los ciudadanos de este pequeño país, que amamos la paz y la democracia, debemos movilizarnos, alzar nuestras voces y expresar transversalmente nuestra condena a quienes no han comprendido y acatado el veredicto de las urnas. Urge la solidaridad continental y mundial hacia la causa democrática del pueblo boliviano.
Compartí tu opinión con toda la comunidad