La hora de la solidaridad
Vuelven a aparecer en la agenda política de América Latina las denuncias de conspiraciones, sobre todo contra gobiernos que han decidido ser libres y soberanos, sin tutelaje de ningún tipo. El presidente de Paraguay, Fernando Lugo, al haber cumplido apenas 15 días de mandato en el gobierno, denunció la planificación en su contra de un golpe de Estado y afirmó: «Los proyectos conspiracionistas serán enfrentados con todos los recursos de la ley».
El presidente Alvaro Colom de Guatemala dijo que había encontrado siete aparatos de grabación, dos cámaras ocultas, dos objetos similares en su oficina privada de la zona 14 e indicios de un transmisor o receptor en la ventana de su casa y en el propio Palacio de gobierno. Han sido publicadas informaciones sobre amenazas contra la integridad física del presidente de Honduras por su férrea posición de integrar su país a Petrocaribe y la Alternativa Bolivariana de los Pueblos de América Latina (ALBA).
La presidenta de Argentina, Cristina Fernández, sostiene que el famoso juicio respecto al «hombre del maletín, que se lleva a cabo en Miami, tiene un claro sesgo político contra su gobierno.
La situación de Bolivia, tiende a complicarse porque grupos civiles opositores, racistas y segregacionistas, con apoyo internacional, irrespetan las reglas de juego de la democracia, al buscar desalojar del poder al presidente Evo Morales, a pesar de que éste fue relegitimado recientemente con el apoyo de casi un tercio del pueblo boliviano. El presidente Morales al respecto dijo: «Sin miedo a nadie, sin miedo al imperio, declaro ante el pueblo boliviano persona no grata al embajador de Estados Unidos».
El presidente boliviano también condenó los hechos ocurridos en el oriente del país, en los cuales grupos opositores atentaron contra un gasoducto al sur de Bolivia al decir: «Es una abierta provocación al proceso de cambio y a la nacionalización de los recursos humanos».
Venezuela, una vez más es objeto de noticias sobre planes conspirativos. Ahora se pretende, por parte de algunos sectores de la oposición y con apoyo extranjero, a través de un asalto violento del palacio de gobierno (Miraflores) o de hacer estallar el avión presidencial, tomar el poder. Por cierto, son los mismos que hablan de la falta de democracia y del autoritarismo del presidente Hugo Chávez Frías.
El panorama anterior es parte de una estrategia de desestabilización de los países donde se encuentran gobiernos que no son afines a los sectores de poder que han dominado en el continente americano. Pensar lo contrario, se haría o por razones de interés o por una ingenuidad de monta mayor.
En un acto de solidaridad con el gobierno y pueblo de Bolivia epicentro de la arremetida el presidente Hugo Chávez Frías decidió expulsar al embajador estadounidense en Venezuela. «Quiero que lo sepan nuestros vecinos, gobiernos y países vecinos: nosotros queremos paz pero no estamos dispuestos a morir como (Simón) Bolívar en Santa Marta (Colombia) ni como (el ex presidente chileno Salvador) Allende en la Moneda», dijo el presidente Chávez.
Lo que se quiere trastocar es la unidad de Venezuela y Bolivia que se ha venido forjando por una América Latina justa, igualitaria, donde nos respetemos y donde crezca un nuevo tipo de democracia.
El 11 de setiembre se cumplieron 35 años del derrocamiento del gobierno democrático de Salvador Allende. No permitamos que un nuevo presidente de nuestro continente sea derrocado o asesinado, para lo cual es importante poner en ejecución la solidaridad, sobre todo con Bolivia, en momentos que un golpe orquestado desde adentro y desde afuera de ese país, está en marcha contra su gobierno democrático.
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