¿Serán los puentes un factor de integración?
Aurelio Picone *
La duda está planteada: ¿Qué clase de integración queremos? Si como integración entendemos algo que solucione los problemas de la gente, bienvenida sea. Pero si esa integración nos va a hacer más dependientes, es cosa muy difícil de digerir.
El río Uruguay en su curso límite Argentina -Uruguay tiene tres puentes en sus 500 kilómetros: Salto Grande (que además es ferrocarrilero), Paysandú-Colón y Fray Bentos-Puerto Unzué. De los tres el que menos se usa es el de la represa de Salto Grande, pero los otros dos, y a más de 20 años de su construcción, todavía no han cubierto los costos que demandaron.
Ya en la frontera Argentina-Brasil, está el puente Uruguayana-Paso de los Libres, que es por lejos el más transitado de todos, teniendo que soportar prolongadas demoras, que en ocasiones se han extendido por 5 kilómetros de colas en ambos lados; problemas administrativos aduaneros y sindicales están al orden del día en ese puente internacional.
En esta era globalizadora y de proliferación de ideas faraónicas, proyectan el puente Colonia-Buenos Aires cuya viabilidad está muy cuestionada por varios motivos; uno, sus costos que no garantizan una «tasa de retorno» que sirva a los inversores. Otro, la navegación de los más importantes ríos de la Cuenca del Plata, el Uruguay y el Paraná, y otro punto es estratégico militar, y la armada argentina no ve con buenos ojos que Buenos Aires quede «entrampada» con un puente internacional de esas características y en esa zona.
A escasos 15 kilómetros aguas abajo de la represa de Salto Grande y su puente, se proyecta la unión de las ciudades de Salto y Concordia con un puente, por el cual la delirante empresa consultora Suárez Netto realizó cálculos de que pasarían unos 4.000 vehículos diarios…!! Esa misma consultora sacó las cuentas de que el ferrocarril era inviable para Nueva Palmira y un puerto de esas características no puede ser real sin ferrocarril. Y últimamente se está trabajando por el puente en Punta Chaparro-Brazo Largo, aguas abajo de la playa de la Agraciada.
Qué puede esperar nuestro país de esos puentes
Se argumenta que con esas obras se crearían fuentes de trabajo y en épocas de crisis ese argumento genera esperanzas, pero no se dice que las obras tendrían una corta duración, provocando una situación ficticia y con ella una inflación que después no se puede sacar, se terminan las obras y se termina el trabajo; esto lo saben muy bien en Salto, Paysandú, Fray Bentos y Mercedes.
Pero analicemos lo que puede esperar nuestro país de esos puentes. El que podría tolerarse es el de Punta Chaparro-Brazo Largo, pero mantenemos que hay otras prioridades de más importancia, hay que apuntar a un progreso sostenible y lo primero es lo primero, hagamos navegable el río Uruguay en 850 kilómetros y de esa forma dinamizaremos todo el litoral y su entorno fomentando la instalación de agroindustrias desde Bella Unión al Plata. Los puentes solo van a trasformar a nuestro país en un corredor de paso sin ningún protagonismo ni social, ni político, ni económico.
Es sumamente peligroso seguir alimentando al centralismo porteño y al centralismo paulista, no estamos solos en este pensamiento, la propia Unesco ha sacado conclusiones que esta clase de políticas centralizadoras convierten a las regiones periféricas e intermedias en meros espectadores y generadores de riquezas en los polos centrales de desarrollo, por lo tanto hay que apostar al desarrollo de esta subregión que se forma en las márgenes del río Uruguay.
Antes del derrumbe de los «tigres asiáticos», se hablaba del mega puente en el Plata, del eje vial San Pablo-Colonia, del súper túnel de baja altura en la cordillera de Los Andes, de un súper puerto en la isla de Pascua, y hoy día todo eso ya pasó a ser recuerdo, quedó claro que no era el interés por la gente de la región lo que motivara esos emprendimientos.
Es imperiosamente necesario ponernos de acuerdo con las provincias de la mesopotamia entrerriana y con el estado de Río Grande del sur, los intereses son comunes, planes energéticos comunes, transportes rápidos, seguros y baratos garantizarían la mentada competitividad, y los habitantes de estas regiones se beneficiarían con trabajo y prosperidad.
Pensar en un país productivo, no en un corredor de paso
Los puentes nos harían más dependientes. Hay costumbres muy arraigadas en nuestra Banda Oriental y las provincias entrerrianas; hay una historia de luchas comunes, y lo mismo sucede con los «gaúchos» riograndenses. Tenemos buenos puertos sobre el Uruguay, y buenas oportunidades de industrialización, busquemos que las inversiones se orienten a un crecimiento sostenido, impulsemos políticas económicas de cara a las necesidades de la gente.
Concentremos todos los esfuerzos en poner en marcha el ferrocarril llegando a Casablanca y Nuevo Berlín, dotemos a Nueva Palmira de vías férreas, transformando al viejo puerto de «Las Higueritas» en una verdadera terminal de cargas, adaptemos las instalaciones portuarias y Nueva Palmira y su puerto serán un verdadero polo de desarrollo. Esa es la línea que nos impone el progreso. Con un puente en la zona y en este momento, terminada la obra dejaríamos la ciudad a un costado. Actuemos con protagonismo y con decisión, soplan malos vientos para la región y es con aportes que defiendan los intereses de los dueños de estas comarcas que saldremos adelante. Consolidar un país productivo tiene que ser la premisa, el futuro está en lo que hagamos o dejemos de hacer, y tenemos que hacer lo justo para poder proyectarnos hacia un futuro esperanzador.
* Dirigente de AUTE
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