Cambio de mando
En la Carta Orgánica partidaria no existe disposición que obligue al Presidente del Honorable a renunciar en plazo perentorio de ser presunto candidatos en próximos comicios nacionales. Claro, si bien no hay texto expreso, sí hay una costumbre o tradición ética de no abusar del cargo, con toda la influencia que el mismo tiene, en desmedro de otros compañeros con aspiraciones similares. la mayoría de los presidentes antaño, en circunstancias similares, renunciaban unos meses antes. Es de estilo. Este mes le toca al actual presidente. Y la verdad objetivamente, no fue un presidente cualquiera. El sillón del Libertador Oribe fue ocupado con sobria dignidad republicana, ecuanimidad y responsabilidad en la difícil función orientada, no sólo del partido en sí, sino en una oposición objetiva y patriótica sin desmelenamientos, poses o declaraciones soberbias en imitación de viejas prosapias o engrandecimientos intelectuales fuera de lugar.
Fue un ciudadano más, gaucho por añadidura, razones por las que incluso en su momento, por ampulosos doctores se le subestimaba en los inicios del mandato, y a los que fue dejando en las «banquinas» de los caminos abandonados, con hechos, sacrificios y capacidad harto demostrada en el trayecto transcurrido. Tanto que a la postre, sin quererlo ni pedirlo, abortó esos «dimes y diretes» al ser invitado al Congreso de líderes mundiales organizado por el Partido Demócrata de la USA, uno de los más grandes del mundo. Y allí, en el corazón del Imperio, con coraje, realismo, dignidad y capacidad contundente, sin perjuicio de la lealtad a su gente, su tierra y su continente, plantea no solo soluciones razonables, sino que agrega y denuncia los abusos imperiales históricos y actuales. Críticas aceptadas y respetadas por el propio Imperio. ¡Habló un blanco! Y esto no lo digo por ser partidario o amigo, sino por frío espíritu crítico similar al que expuse como antiimperialista, en su momento con el tema de la lucha libertaria de los vascos contra el Imperio Español. Larrañaga se hace cargo del Partido en uno de los peores momentos históricos de la Colectividad Blanca. habíamos quedado terceros lejos en la elección de Batlle vs. Vázquez. Anquilosados ideológicamente en una «derecha» preconciliar más propia del pensamiento de un Aznar o Rajoy, imperialistas nostálgicos españoles, que de corrientes doctrinarias libertarias sociales, propias y adecuadas a nuestro continente explotado por siglos por los distintos imperiales del mundo. Paradójicamente, es un hombre del más profundo interior. No representa por cierto, «selectos» claustros académicos universitarios de rancios abolengos entregados como de costumbre a los intereses oligárquicos y poderes fácticos de turno. Actuó como lo mandató el padre Libertador Oribe, cuando desde la creación del Partido Blanco, impuso una trayectoria como ha sido el antiimperialismo y defensa de soberanía, derechos de los trabajadores (ley de 8 horas de Herrera y Roxlo) o defensa de la cultura (creando la Universidad, la Biblioteca Nacional y Escuelas Rurales) en su tiempo entre otros logros. En la elección mencionada, se perdió estrepitosamente. Solo se llevó más o menos 430.000 votos.
En apenas cinco años recuperó «a lanza y bola» en cada rincón patrio, más de 350.000 sufragios, sumando el nacionalismo más de 770.000 voluntades. Borró de muerte el «sonsonete» de que todos somos iguales políticamente los opositores al Frente Amplio, al romper con las coaliciones de Jorge Batlle y Bensión. No obstante, fue atacado por calumnias y cobardes injurias que jamás se animaron a revelar autoría alguna, escondiéndose en las tinieblas cloacales de donde provenían. Las mismas, las superó con grandeza sin pagar por cierto, con igual «moneda», a sus presuntos y evidentes autores. Tendió la mano como blanco, a los que después de calumniarlo, le fueron a pedir ayuda. Pero, eso sí, ni se vendió ni quiso vender su partido por «carguetes» que le ofreciera el Frente Amplio. Dignidad arriba y regocijo abajo. Mantuvo también la unidad. Si bien todos respondieron como buenos el consejo de: «sean los hermanos unidos, porque si no a los blancos nos comen los de afuera», con mano firme «soldó» con noble acero ese principio. Organizó departamentales, impulsó juventudes compenetrándolos de gestas y logros históricos como fueron a título de ejemplo, los cien años de Masoller o la imagen del Libertador Patrio Manuel Oribe en sus 150 años de su muerte, que tanto nos llenara de orgullo patriótico. Se sanearon padrones electorales, pero sobre todo, se recuperó una imagen progresista, creando la esperanza del triunfo nacional y de sana competencia interna partidaria. Desde el «Más Allá» se empieza a oír al negro Camundá haciendo sonar su mítico clarín llamando a filas. Con los tordillos de la brida, empezamos a armarnos para la próxima batalla. Cada cual elegirá a sus respectivos y dignos jefes. Entre otros, tenemos al gaucho. Creo que en agradecimiento por el esfuerzo más allá del deber cumplido, debería ser él, que «pique primero espuelas» enarbolando las gloriosas banderas del Libertador Oribe, Aparicio, o Leandro Gómez, al grito tan de blancos: ¡Presentes mis Generales¡
Compartí tu opinión con toda la comunidad