Cuando no quieren que los jubilados voten
Washington Lauría *
Usted no sospecharía que algo pasa. ¿No le parece extraño que se preocupen tanto por nuestra molestia de ir a votar, cuando durante todo el año nos tratan como resaca? Piense que debe haber algún gato encerrado.
La Constitución nos permite juzgar si el gobierno está haciendo las cosas bien o mal. Y para eso permite el referéndum como consulta popular. Los que están conformes con la vida que llevamos, no tienen que preocuparse, que no se molesten: pueden quedarse en casa tomando mate también. Pero los que pensamos que las urgencias que nos quiere resolver el gobierno son otras muy diferentes a las aprobadas y que esos artículos cuestionados nos perjudican demasiado, sobre todo a los jubilados, es que estamos dispuestos a votar el proximo 18 de febrero para frenar tanto daño causado a los asalariados.
Quienes vivimos todos los días del año en este país y tenemos los pies en la tierra, enfrentamos cada dia 24 horas de incertidumbres y preocupaciones. No entendemos que se gobierne a espaldas de la gente, articulando decisiones siempre contrarias a la mayoría de la población salario-dependiente, llegando hasta despreciar protestas en los recintos legislativos, que expresaban la auténtica reacción de la gente. Por eso consideramos como una OBLIGACION MORAL la de concurrir a expresar nuestra idea más íntima.
Cuando nos aconsejan quedarnos en casa, es porque debe haber algún cangrejo escondido. El voto es un derecho, y resulta un deber incuestionable poder ejercerlo. Nadie, honestamente orientado, puede aconsejar evitar el pronunciamiento ciudadano. Para esta ocasión se han aumentado los condicionamientos para habilitar el referéndum: hubo que reunir más firmas y también se exigió se estampara la impresión digital. El resultado de esta primera etapa demostró una alarmante reacción de un pueblo que está desconforme.
Ahora se necesitará que 600.000 personas apoyen esta segunda etapa, para así habilitar el referéndum. Tenemos que pensar que los legisladores aumentaron las trabas por algún propósito interesado, ya que en realidad tendría que haber sido al revés y ellos como funcionarios públicos elegidos por la gente y que están cobrando un buen sueldo, deberían conciliar el mejoramiento del nivel de vida de la poblacion y no aprobar dificultades que impidan el pronunciamiento espontáneo de cada ciudadano.
Si verdaderamente queremos al país, resulta ético entender que el VOTO ES OBLIGATORIO. En un sistema probadamente democrático resultan lamentables, tanto un saludable consejo como una desubicada amenaza. Ni la Corte Electoral ni el BPS necesitan darnos consejos. Los jubilados de ahora sabemos muy bien nuestras obligaciones, sobre todo cuando nos enteramos de los contenidos de cualquiera de estas dos leyes de urgencia que lo que hacen es continuar fundiendo nuestra Caja de Jubilaciones, aunque ahora la quieran disimular llamándola Banco de Previsión Social.
Sin dudar, todos los jubilados uruguayos, iremos a votar el próximo 18 de febrero. Iremos con calor, pero también con bronca y sobre todo contra la mentira de que nos quieren proteger.
* Miembro del Partido Por la Seguridad Social
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