Larrañaga con los demócratas
Con motivo de la Convención del Partido Demócrata de EEUU en Denver, paralelamente se organizó una conferencia mundial de líderes. Supongo que con la inoculta intención de esa colectividad política, en caso de ganar las próximas elecciones yanquis «pulsear» y por supuesto lograr el apoyo de la opinión mundial democrática. Concurrió invitado el presidente del Honorable, Dr. Larrañaga. La invitación sin perjuicio de la distinción que un evento de esa magnitud conlleva, tuvo el fin de revelar el perfil de cada expositor internacional, entre ellos Jorge Larrañanga, en las opiniones globales para el futuro de cada región o continente en particular.
Fue por cierto muy digno y relevante para nuestra colectividad blanca el planteo, no sólo nacionalista sino antiimperialista realista y serio del sanducero. Hay dos realidades, situaciones o ejes según su propia referencia en el continente. Una muy vieja y conocida, la doctrina Monroe, «América para los americanos», interpretada como es obvio como «norteamericanos» por el imperio. Y la actual «bolivariana» de perfil socialista, tratando de identificarse con las diferentes reacciones que en el tiempo y en los diferentes pueblos latinos indoamericanos se fueron enfrentando como reacción natural y en defensa de cada uno contra la «Monroe» imperial. Tanto una como la otra han tenido como resultados la mayor parte de las veces negativos o nefastos para sus pueblos. Tanto las influencias yanquis que en aras de preservar su «sagrado» sistema invocando la «democracia» interna de ellos, que a su manera la emplean con efectividad, no lo hacen en los hechos para la exportación de los países continentales, donde proliferan y aún suceden puestos por ellos, gobiernos títeres y tiránicos. Donde se depreda a «manos llenas» en su beneficio y se comenten a través de la historia verdaderos genocidios terroristas que han arrasado con las democracias. Como en los sistemas socialistas, donde se agrede el derecho internacional, los derechos humanos y por ende la propia democracia con la excusa de enfrentar al imperio. Y el Imperio, con el argumento propio de combatir regímenes presuntamente enemigos, los ha fortalecido e incrementado. En buen romance, una «noria o máquina que mata a su inventor». Eso está creando la reacción permanente a la que Larrañaga se refiere. Se quiso y se quiere influenciar por socialismos y cuando no comunistas, como opción al imperio, donde la experiencia indica que la mayor parte de las veces se mantenían y mantienen por las fuerzas imperiales de otras naciones de signo contrario. «Un collar por otro».
Fue la supervivencia de Cuba durante la «guerra fría» defendida por el entonces imperio ruso o soviético. O sea, los extremos tienen vicios y necesidades similares, cuando no iguales. El sistema bolivariano actual tiene de «simpático» el ser el que se enfrenta al imperio. Al margen de aspectos sociales graves en materia de derechos humanos, libertad de prensa y comunicaciones, violaciones constitucionales, etc. y una marcada preferencia de armarse «hasta los dientes» previendo o anunciando presuntos enfrentamientos bélicos. Las razones de guerras o carreras armamentistas no congenian ni se pueden comparar con las de la paz y el diálogo entre los pueblos. Y los imperiales con sus comparsas de amigotes a su vez, a nivel mundial, protegiendo gobiernos de cuestionados sistemas democráticos, siguen en las suyas sin dejar espacios a ese diálogo con los países más chicos, pobres y explotados. O sea, justifican las razones de las revoluciones que pueden ser bolivarianas o de otro cualquier signo, que de manera diferente con asistencias justas, equitativas y aptas no justificarían sus existencias. ¡Bien guapo!
Es tener una visión continental de futuro, propia de estadistas, planteada para el alivio imperial de nuestros pueblos. Por este corolario, sugirió que el nuevo presidente imperial dentro del «corset» que supongo le pueden permitir conversar, con realismo y pragmatismo, debería apostar a la paz y al diálogo. Humanizar y cambiar el sentido del régimen capitalista, que sólo sirve para hacer más ricos a unos pocos y hambrear a la mayoría del mundo, que carece de horizontes futuros, sumergida en la desesperación. La productividad y prosperidad debe ser para conseguir bienes de consumo, culturales, sociales y no para carreras armamentistas cuyas inversiones siderales y por ende sus industrias afines, priman sobre una paz duradera y justa que combata la pobreza y la miseria. Estos son los valores que defendemos, según Larrañaga, en nuestra sociedad y por nuestro partido.
¡Había que decirlo en el corazón mismo del imperio! ¡Y lo dijo!
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