EDITORIAL

Hacia la independencia energética

Nuestro país acaba de dar un paso enorme en ese difícil pero imposible camino que se trazó esta administración en pos de ir logrando una cierta independencia energética.

No es algo menor que se esté negociando en qué porcentaje va a formar parte de una sociedad mixta que se va a encargar de explotar un pozo que cuenta con 19 mil millones de litros de petróleo en la Faja del Orinoco.

Se trata de eso. De contar con nuestro propio petróleo y, además de la posibilidad de poder procesarlo. Se trata de contar con un respaldo petrolero real. Se trata de poseer un pozo petrolero que nos asegure no sólo seguridad en el abastecimiento, sino también independencia. Y por qué no? poder contar con un colchón que nos permita amortiguar los vaivenes del precio internacional del crudo. La voluntad política del gobierno uruguayo y del Directorio de Ancap quedó claramente establecida: nos interesa participar en este emprendimiento, ahora lo que viene es acordar los términos de la sociedad, trabajo, mucho trabajo y trabajar para poder procesar nuestro petróleo en casa.

Ello ha sido posible porque este gobierno hace tres años que viene trabajando en este tema, acá no ha habido ni hay lugar a la improvisación, nadie puede decir lo contrario porque la información ha sido cristalina, la línea de acción coherente y consecuente. Es más, no solamente se ha debido pasar por las normales idas y venidas de toda negociación, sino que también se ha debido enfrentar una activa oposición del Partido Nacional.

Este partido ha buscado por todos los medios posibles oponerse y trancar todas las negociaciones, hasta llegó a denunciar públicamente que en nuestro gobierno había funcionarios vinculados a un proceso muy poco claro entre Argentina y Venezuela en torno a una valija con mucho dinero. Por ese tema se vinculó a nuestros gobernantes y se les pidió rendir cuentas en el Parlamento. Hasta ahora nadie se disculpó por esas acusaciones poco felices. Nuestro gobierno se mantuvo firme porque con la conciencia limpia estaba y está llevando adelante un proyecto energético con el que se podrá discrepar, pero que tiene coherencia, sentido común y, por sobre todas las cosas, está dando resultado.

Conformado por gente que sabe de estos temas, se ha ido avanzando paso a paso, como se debe hacer en este campo, donde se trabaja siempre a mediano y largo plazo. El equipo energético no está compuesto de aspirantes a diputados fracasados ni de políticos que caen en puestos de responsabilidad por cuotas previamente acordadas.

Todo lo contrario, se trata de gente especializada, con conocimiento, y así lo han venido demostrando. Han logrado que un país con escasos recursos energéticos propios, sin inversiones en el área en los últimos 15 años, con empresas que venían siendo preparadas para ser vendidas a capitales privados, el país sorteara crisis energéticas propias y de la región sin cortes y sin restricciones oprobiosas. Si bien aún no hemos salido de esta situación, se ha mejorado ostensiblemente. Pero además, la población , los industriales, los inversores extranjeros, tienen clara conciencia de que existe un Plan, que se cumple paso a paso y que ya en el mediano plazo podremos despedirnos de situaciones angustiosas.

Pero el acuerdo entre Ancap y Pdvsa de este fin de semana tiene una segunda pata. Se trata de la actitud de un país hermano: Venezuela. Esta nación, que tanto molesta al Partido Nacional y a EEUU, ha tendido una mano generosa no solamente hacia nosotros, sino hacia todos sus hermanos latinoamericanos (y de otros continentes). Nadie la obligaba a compartir sus riquezas, de hecho EEUU nunca nos ofreció nada, salvo un TLC para beneficio de sus multinacionales y de los exportadores uruguayos.

Pues bien, con un concepto americanista e integrador busca repetir, con otro estilo, en otro momento, lo que fueron los inicios de la integración europea a través de acuerdos energéticos, lo cual molesta a tirios y troyanos, que temen que ello suceda, lo cual les quitaría una gran cuota de poder en este continente tan rico que habitamos y queremos pero en el que muy pocos se llevan la mayoría de la riqueza que generamos.

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