Piriápolis y la eficiencia de la empresa privada
Luego de innumerables llamadas al director en las que se denunciaban abusos, irregularidades e ineficiencia de la empresa concesionaria del servicio de agua potable y saneamiento de Maldonado, el advenimiento del nuevo milenio encontró a Piriápolis –un centro turístico de relevancia– con sus cañerías de agua corriente absolutamente vacuas. Viviendas, comercios, edificios públicos, hoteles, ostentaban tristes grifos insensibles a la sed y a las necesidades higiénicas de turistas y habitantes habituales del balneario.
Tres días duró el martirio para los sufridos piriapolenses, que debieron soportar la canícula con resignación pero sin agua.
¿Es esta la eficiencia de la empresa privada? Los grandes panegiristas de la privatización argumentan que el afán de lucro es el motor de la economía. Claro que olvidan que la mayoría de las veces ese afán de lucro es desmedido, y que, en aras de satisfacerlo, todo vale; incluso la ineficiencia.
El Estado tiene la obligación constitucional de velar por la seguridad y el bienestar de los ciudadanos; la peripecia piriapoliana indica que esas obligaciones han sido desatendidas.
Que la experiencia sirva para hacer reflexionar sobre el achicamiento del Estado.
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