EDITORIAL

Con la bendición de Estados Unidos

Jueves 21 de agosto de 2008 | 3:49
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¿Tenía el presidente georgiano, Michail Saakasjwili, luz verde de Washington, cuando en la noche del viernes dio la orden a sus fuerzas armadas de atacar Osetia del Sur? La respuesta es un rotundo sí, y sólo puede discutirse el porqué el gobierno estadounidense decidió esta vez soltarle la correa al perro, cuando en el pasado siempre le había tenido retenido. La reconquista de Osetia del Sur y de Abjasia es el objetivo de mi vida, había comunicado Saakasjwili en noviembre de 2003, antes de su imposición como presidente a finales de enero de 2004, gracias a una subversión apoyada por EEUU. En su discurso de toma de posesión, Saakasjwili habló de la necesidad de construir un ejército poderoso, para volver a rehacer la unidad de Georgia. El 25 de mayo de 2004 se celebró en Georgia el mayor desfile militar de la historia del país y Saakasjwili dijo: Si se pregunta a cualquier soldado georgiano por qué sirve en el ejército, todos te contestarán: para reconstruir la integridad territorial de Georgia.

El primer indicio de que el gobierno georgiano tiene ahora la bendición de Washington para su agresión a Osetia del Sur fue la actitud del congresista estadounidense Zalmay Khalilzad, antiguo representante estadounidense en Kabul, en el Consejo de Seguridad de la ONU: en la reunión especial nocturna convocada precipitadamente después del comienzo del ataque georgiano, bloqueó cada toma de posición conjunta para la renuncia a la violencia. Hasta el momento no ha llegado de Washington ni una sola palabra de crítica al proceder de Saakasjwilis.

Observadores expertos en Moscú se habían preparado para un peor desarrollo del conflicto, después de que la secretaria de Estado Condoleezza Rice se hubiera encontrado con Dimitri Sanakojew, el presidente de Osetia del Sur nombrado por el gobierno georgiano, en su visita a principios de julio en Tbilisi. Hasta ese momento había, entre los EEUU y la UE, unidad para ignorar a esta figura creada para las provocaciones y las aventuras militares. Pocos días después de la visita de la secretaria de Estado, en la que supuestamente también se hablaría sobre la inminente agresión, comenzaron en la base de Vaziani cerca de Tbilisi maniobras conjuntas con el nombre de ‘Respuesta Inmediata’ donde junto a 600 georgianos y pequeños grupos de oficiales de Ucrania, Azerbaiján y Armenia participó un contingente más fuerte de 1.000 soldados estadounidenses con diferente armamento. Los ejercicios duraron del 17 al 31 de julio. Un día después de terminar, en la noche del 1 al 2 se agosto, comenzaron las provocaciones militares de las fuerzas armadas georgianas en los alrededores de Tsjinwali.

Cuando Saakasjwili dio la orden de atacar en la noche del 7 de agosto, se encontraban todavía en Georgia parte de las tropas estadounidenses que tomaron parte en las maniobras, aunque por lo visto ya no estaban en la base de Vaziani, que fue atacada por los aviones de guerra rusos. Igualmente había en Georgia 127 instructores militares estadounidenses, entre ellos 35 empleados de empresas privadas de seguridad. El gobierno estadounidense había empezado ya en abril de 2002 con el predecesor de Saakasjwilis, Eduard Shevardnadze, a entrenar unidades de elite del ejército georgiano y a equiparlos con las armas más modernas. Con un coste de 65 millones de dólares, este programa representaba por aquel entonces un tipo de proyecto piloto con una dimensión absoluta sin precedentes en el campo de la antigua URSS. Oficialmente terminó en el año 2004, pero continuó bajo otros nombres. Además se unieron instructores de Gran Bretaña y un número desconocido de militares y ‘asesores de seguridad’ de Israel. Como lo dijeron Fidel Castro y Hugo Chávez, Bush dio la bendición para el ataque que llevó adelante su fiel aliado en el Cáucaso.

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