La situación de los ex perseguidos políticos

Algo que un banquero no puede entender

Qué pretende el ministro de Economía con los ex presos, exiliados y perseguidos políticos, que siguen esperando una ley que los ampare, dándoles una solución previsional que contemple el tiempo en que no pudieron aportar al BPS porque la dictadura se lo impidió? ¿Bensión, con su criterio malthusiano, pretenderá que la mayoría de los posibles beneficiarios de ese proyecto de ley que hace 16 años está en danza, terminen su vida sin ningún tipo de beneficio, aunque este les corresponda y sea de estricta justicia?

Hemos tenido testimonios dramáticos, de hombres y mujeres que durante más de un decenio fueron perseguidos por la dictadura, algunos de ellos con enfermedades terminales, que esperan desde hace años el reconocimiento de una ley que está en manos del insensible e inexpresivo habitante del Ministerio de Economía que, al parecer, no quiere firmarla para que pueda pasar al Parlamento.

En torno al tema hubo promesas de todos los colores. El propio presidente de la República, Jorge Batlle, afirmó que esa ley, favoreciendo a los ex presos, exiliados y perseguidos políticos, era una de las prioridades de su gobierno. Sin embargo no se le ocurrió incluirla en las polémicas leyes de urgencia que, como muchos han dicho, de «urgencia verdaderamente tenían poca cosa».

Lo que han mostrado varios gobiernos subsiguientes, por lo menos cuatro, incluido el actual, es una insensibilidad social que sorprende. ¿Cómo es posible que una ley, de costo menor para el Estado, se postergue años y años, dejando en el más cruel desamparo a un grupo de hombres y mujeres que tuvieron la dignidad de enfrentar, con distintos niveles de responsabilidad, a la dictadura? Otros por haber sido sospechosos de alguna oposición política a los uniformados. Allí están los listados de las víctimas en las «actas institucionales» de varios números firmadas por los dictadores de turno, donde se estampaban los nombres, las direcciones y el número de credencial de los que habían tenido el honor de ser considerados ciudadanos clase «C».

Quienes tuvieron esa calificación eran impedidos de trabajar y, por supuesto, de aportar al BPS. Muchos pudieron irse del país para buscar en otras tierras las soluciones laborales que aquí se les negaban. Sin embargo, también estaban los que debieron quedarse, luchando sin cuartel o no por la institucionalización del país.

Sabemos de personas que por haber integrado como delegadas una mesa de votación en el pasado previo a la dictadura, fueron objeto de esa persecución inaudita, que mostró que la tiranía uruguaya tenía características totalitarias incomparables a otras dictaduras, como las que sufrieron países vecinos. Se obligaba a los adolescentes a que el pelo no tocara el cuello de la camisa, se impedía que las faldas mostraran las rodillas. Fue la «moralina» oscurantista y ridícula que vivió el país durante doce años y cuyas secuelas todavía se mantienen.

Un país que en su reapertura democrática trató de mostrar caminos adecuados, reestructurando carreras a nivel estatal, reconociendo los desmanes de los militares en este ámbito. Pero, en cuanto a las víctimas del sector privado, pareció que en el país ingresó una especie de amnesia. Estos 16 años de lucha para solucionar un problema sencillo, que es reconocerles los derechos jubilatorios a quienes durante la dictadura debieron emigrar, ya que aquí se les impedía trabajar, o quienes por otras razones debieron exiliarse o sobrevivir a la cárcel y muchas veces a cosas peores. No sabemos qué pensará Bensión sobre el tema, si no entenderá que este reclamo es de estricta justicia y su resolución tiene también relación con «el estado del alma» del que habla el presidente Batlle.

Objetivamente parecería que se espera que el tiempo distienda la situación, lo que efectivamente está ocurriendo, pues muchos de los ex perseguidos políticos, ya han muerto o morirán en un corto plazo, la mayoría de ellos sin los magros recursos que les podría brindar una solución previsional.

Evidentemente, es un problema que Bensión no entiende. Nunca un banquero lo comprenderá.

Es bien claro.

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