Puntualizaciones sobre la inseguridad
Resulta asombroso comprobar cómo la derecha política y sus medios aliados tergiversan la realidad y los hechos. Veamos. Ante las quejas por la falta de seguridad, por el incremento de los delitos y los insistentes reclamos de mayor eficacia policial para combatirlos, desde el gobierno –la ministra Daisy Tourné y varios legisladores– se responsabilizaron a la oposición y a los medios audiovisuales de fomentar esa sensación de inseguridad por medio de la exagerada cobertura periodística de hechos delictivos. El oficialismo sostiene que de ese modo se acrecienta la sensación de inseguridad instalada en la población llegando incluso a promover un miedo generalizado entre los ciudadanos, miedo que puede convertirse en una incontrolable psicosis colectiva.
En ningún momento se negó la realidad del incremento de algunos delitos que revelan las cifras oficiales. El gobierno no es tonto como para ocultar esa realidad, entre otras cosas, porque todos sabemos que varios decenios de neoliberalismo tienen efectos trágicos en cualquier sociedad.
Lo que se sostiene es que la amplitud informativa de hechos delictivos y el modo de presentarlos por los grandes medios audiovisuales, lejos de contribuir a serenar a la población, contribuyen a atemorizarla y a exacerbar la sensación de inseguridad.
Pues bien, algo tan sencillo como eso ha sido tergiversado de tal modo, que varios políticos opositores y algunos medios –ofuscados por la crítica proveniente del oficialismo– terminan afirmando, en sus informativos pretendidamente imparciales, que la ministra Tourné y los dirigentes frentistas acusan a los medios de ser los causantes de la inseguridad. Un perfecto sofisma que ofende todo razonamiento lógico e intelectualmente honrado. Puede estarse de acuerdo con el oficialismo o disentir de la afirmación de la ministra y los dirigentes frentistas (nosotros creemos que es acertado atribuir a los medios una cuota de responsabilidad en el incremento de la sensación de inseguridad), pero lo que no es de recibo es la manipulación casi obscena que se ha hecho de lo dicho por el gobierno.
Y paralelamente a ese afán por magnificar los hechos delictivos, poco o nada dicen los medios conservadores del notorio aumento de la eficiencia policial. Esos hechos positivos jamás son resaltados adecuadamente por ciertos informativos de televisión, y sin embargo, nunca antes como ahora la Policía se había anotado éxitos tan significativos. Los logros policiales en su combate al delito no se limitan, por otra parte, a la detención de rapiñeros y al esclarecimiento de homicidios; también es preciso tener en cuenta que se han desbaratado organizaciones criminales de envergadura, mafias del contrabando y del tráfico de drogas.
Y en lo que tiene que ver con los arrebatos, hurtos y rapiñas (los delitos que más inquietan al ciudadano común y que llevan al temor a circular por las calles), bueno es consignar que también ha aumentado el número de delincuentes procesados por la Justicia. Esto es particularmente destacable, ya que desvirtúa la famosa percepción popular de que la Policía detiene a los delincuentes y los jueces los dejan en libertad. Cuando esto último ocurre, es porque la Policía no ha logrado reunir las pruebas suficientes para que el juez tenga elementos de juicio como para dictar el procesamiento del detenido. Por tanto, debemos concluir que la Policía ha mejorado, también, en ese sentido. Es decir, que se ocupa no sólo por la detención de un sospechoso sino que, además, se preocupa por reunir las pruebas necesarias que permitan su remisión a la cárcel.
En fin. No se trata de cantar loas al gobierno, sino de poner los puntos sobre las íes.
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