Cien empresas dueñas del mundo
La afirmación no es mía, sino de un organismo especializado de las Naciones Unidas: la Conferencia de Naciones Unidas Sobre el Comercio y el Desarrollo (Cnuced).
Este organismo internacional ha llegado a la conclusión de que «se está formando un mercado mundial de empresas. Las compras y ventas internacionales de compañías alcanzan una amplitud sin precedentes.»
Todo esto viene dicho luego de que unas cien empresas, encabezadas por la General Electric, han copado más de la mitad del valor de las operaciones de fusión y adquisición de empresas. De esta manera se reparten el control de los principales mercados, sin que las autoridades nacionales puedan o quieran evitarlo.
Según el informe del Cnuced estas empresas transnacionales disponen de activos por unos dos billones de dólares en el exterior y dan trabajo a unos seis millones de personas.
La prioridad para sus inversiones está en los países desarrollados. Los países subdesarrollados atraen al 27% de ellas. En esa carrera viene corriendo muy lejos el continente africano, con un 3% de preferencias.
También se pregunta el informe respecto a la conveniencia de esas fusiones y adquisiciones en los países del tercer mundo. Está claro para la Cnuced, que cada fusión o compra trae como consecuencia que alguna parte de la economía pase a depender del extranjero.
Las formas que adoptan esas inversiones son las de compras de activos a empresas del Estado (vulgo privatizaciones), o inversiones directas. Y en este sentido, nos dice el organismo de las Naciones Unidas, para saber si la operación es beneficiosa para el país de que se trate, deben atenderse los siguientes elementos:
–Que haya aportes de capital.
–Que exista transferencia de tecnología
— Que se creen puestos de trabajo.
Termina agregando que si no se dan esos tres presupuestos, las fusiones y compras se saldan con efectos nefastos. Porque la contrapartida de ellas, es que cada vez un menor número de empresas se reparte el control de los principales mercados sectoriales, eliminando –curiosamente– la competencia que se invoca para alentar estas operaciones.
Como usted puede ver, este asunto es bien actual y candente en nuestro Uruguay. Existe un discurso oficial que nos habla de la necesidad de vender las empresas del Estado y darle todo tipo de facilidades a los dueños de grandes capitales, para que se instalen en nuestro suelo y disfruten (no encuentro otra palabra menos agresiva) de él. Ese es el paradigma del actual gobierno, que actúa de manera más directa y franca que los tres anteriores, posteriores a la dictadura, a la hora de plantear cuales son sus prioridades. Sin embargo, en la información que se nos brinda, nadie habla de que existen organismos internacionales que aportan información bastante preocupante sobre las consecuencias de la aplicación de esos planes gubernamentales.
Entonces, pienso yo, más allá de las finalidades últimas de la fuerza política a la que pertenezco, es necesario que tomemos en cuenta la sinceridad o falta de ella de que hacen gala los que nos proponen soluciones nefastas, ya aplicadas y fracasadas en otros lados, posando, todavía, de novedosos. Creo que la esencia de las propuestas programáticas del FA debe considerarse a la luz de su aplicación desde un gobierno que apunte hacia ellas. Cosa muy distinta de, cuando, propuestas similares provienen de fuerzas y gobiernos que se oponen a esas soluciones con todas sus fuerzas.
En ese caso pecaríamos de ingenuos si no buscáramos el cangrejo debajo de la piedra.
Creo, por último, que la acción política es razonamiento, pero también sentimiento y corazón para defender los intereses de nuestros conciudadanos a fondo, sin enredarnos en elucubraciones teóricas finamente elaboradas, que, los que nos atacan y denigran permanentemente, nos ponen como peaje para concedernos la categoría de razonables.
* Militante del Frente Amplio
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