Se profundiza la brecha entre dos visiones de país
Como pocas veces, este año se han enfrentado dos concepciones socioeconómicas radicalmente opuestas que implican a la vez dos visiones del mundo y dos proyectos de país antagónicos.
Sin duda las luchas políticas y sindicales de hace treinta o más años revistieron características más violentas que las actuales, pero las diferencias que separan a los uruguayos son hoy visiblemente más profundas que entonces. En aquellos tiempos a nadie –ni al dirigente político más reaccionario– se le ocurría deshacerse de las empresas públicas, por ejemplo, como preconizan actualmente los más encumbrados líderes de ambos partidos tradicionales. Ciertos vocablos hoy en boga –privatización, desregulación, etcétera– no integraban el léxico de las clases conservadoras y probablemente se trataba de conceptos ajenos a su mentalidad y a su ideología.
Al amparo de una globalización que manifiesta sus postulados como si se tratara de verdades axiomáticas, los ideólogos del neoliberalismo más inescrupuloso siguen presionando a la dirigencia política conservadora para que plasme las recetas libremercadistas. En su editorial de ayer, el matutino El Observador pontifica sobre la urgencia de eliminar los monopolios estatales, de desregular el mercado laboral, al tiempo que se queja amargamente de la ayuda financiera a los gobiernos municipales y reclama ahorcar aún más a la Universidad.
Si el gobierno se muestra renuente a aplicar todas las recetas sugeridas, es porque evalúa los costos políticos que sin duda conllevaría la aplicación a rajatabla de los dogmas.
Desde la trinchera opuesta –conformada no solo por las fuerzas políticas progresistas– se levantan las voces que tratan de impedir que se plasme el modelo inhumano. Y ante la realidad de un Parlamento en que funcionan los bloques de manos de yeso, la izquierda política –junto a numerosas organizaciones sociales– impulsa la consulta popular como único recurso para frenar la turbonada neoliberal.
El año que se inicia nos ofrece pues la perspectiva de duros enfrentamientos –es cierto que más pacíficos y más civilizados– entre dos propuestas irreconciliables.
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