Chau 2000

León Lev

«¿ Qué les queda por

probar a los jóvenes

en este mundo de consumo y humo?

¿Vértigo? ¿Asaltos? ¿Discotecas?

También les queda discutir con dios tanto si existe como si no existe

tender manos que ayudan/ abrir puertas entre el corazón propio y el ajeno/

sobre todo les queda hacer futuro

a pesar de los ruines del pasado

y los sabios granujas del presente».

MARIO BENEDETTI

 

En estas sabias palabras de Benedetti hay una mezcla de cariño, respeto y estímulo de misión de vida.

En especial esa vocación de » hacer futuro/ a pesar de los ruines del pasado/y los sabios granujas del presente.»

Sí, hagamos futuro, mirando a nuestro alrededor el cuadro social desolador de recesión y desocupación y el empecinamiento gubernamental en ahondar el camino neoliberal.

El año 2000 deja muchas más sombras que luces.

Si bien el tema de los Derechos Humanos se colocó en el tapete como una asignatura pendiente de la democracia (algún avance se obtuvo) y desde la cúpula no se sigue con un lenguaje derechista de confrontación, por otra parte la política económica ha sido la cara oscura del nuevo gobierno.

Para muestra vale un botón. El presupuesto es un gran botón de esta política.

Los salarios se transforman en variable de ajuste, el impuesto a los sueldos junto al IVA son los impuestos básicos, expresión de un sistema impositivo injusto y regresivo, las políticas de seguridad y defensa priman sobre las políticas sociales.

Pero no hay mal que por bien no venga.

Para la izquierda uruguaya que hace treinta años forjó un instrumento de unidad política, el Frente Amplio capaz de atravesar la dictadura y salir engrandecido en su martirologio y en su sabiduría política para encontrar una salida incruenta a la dictadura, hoy se plantea ensanchar su base político-social para acceder al gobierno.

En 1994 la izquierda forjó nuevas alianzas a través del Encuentro Progresista. En 1999 se transformó en el Encuentro Progresista – Frente Amplio.

Hoy necesitamos seguir acumulando fuerzas.

Para construir un país sin excluidos necesitamos un Frente Amplio creativo y sin exclusiones. ¿ No será el XXX aniversario una excelente oportunidad para hacer realidad este principio?

Un Frente Amplio de tranqueras abiertas, con el corazón a la izquierda, pleno de generosidad y fraternidad y con el oído muy atento al latir social. Audaz en el diálogo con todos los sectores sociales, para ir actualizando el programa de los cambios apto para la etapa histórica que estamos viviendo.

 

En particular, el destino de las Empresas Publicas será un cruce de caminos de dos orientaciones.

Si queremos seguir manteniendo Empresas Públicas al servicio del país y de la gente, deberemos buscar aliados para hacerlas más eficientes y competitivas e impedir que pasen a integrar el botín de los apetitos transnacionales.

Ancel y Ancap ocupan hoy el centro de la cruz. (pero están todas en cuestión).

El cambio de orientación en la conducción de Ancap ya produjo la inmediata reacción de los trabajadores y puesta en estado de alerta ante los peligros que se avecinan.

La privatización de Ancel, en lugar de su fortalecimiento, pondrá a prueba nuestra capacidad para defender al ente de las telecomunicaciones.

Tanto para el agro y la industria, como para la Universidad, resultan imprescindibles empresas en desarrollo, que abaraten los costos, den oportunidad de trabajo e investigación y defiendan el trabajo nacional.

¿Es un pecado defender el trabajo nacional?

La experiencia argentina del menemismo ha sido harto elocuente en cuanto a dilapidar el patrimonio nacional y engordar las arcas privadas y extranjeras.

La concepción del Estado «mínimo» o del «Estado como un mal necesario», han producido efectos perniciosos para la democracia argentina.

Vale recordar palabras de Luis Batlle Berres de cómo se crearon nuestros Entes Autónomos, enfrentando poderosos intereses extranjeros:

«Inglaterra quiso amedrentarnos y si hubiéramos sido débiles hoy no tendríamos Ancap y todavía estaríamos en manos de Shell o de la Standard Oil.»

Con motivo de la expropiación de teléfonos, declaró:

«Estados Unidos dijo que si los teléfonos pasaban a depender del Estado, no hablaríamos con el resto del mundo».

Como verán, los intereses foráneos y sus agentes nacionales, no son muy creativos, repiten las mismas monsergas con leves modificaciones semánticas.

El año 2000 termina con una gran desazón en la sociedad uruguaya.

Seamos capaces de hacer el 2001 un año de abrir puertas, de seguir construyendo un proyecto de país de mayorías nacionales, que avance en la conciencia ciudadana y en la profundización de la democracia.

La sociedad de la información y el conocimiento nos presenta un desafío a abordar. Un país pequeño en medio de una integración regional, necesita un frente interno sólido y amplio para enfrentar el oleaje del capitalismo salvaje.

Requiere un sistema de innovación nacional, que integre en un todo armónico, sistema productivo, sistema educativo y Estado, para el avance productivo y tecnológico, la creación de puestos de trabajo, y la integración nacional y social.

El Estado ubicado como socio y no como un enemigo de los sectores productivos.

Lo paradojal es que quienes plantean reducir el Estado para favorecer a la gente han utilizado el Presupuesto para aumentar la carga fiscal sobre el sistema cooperativo o sobre los vendedores ambulantes, mantienen impuestos como el Icome, que hacen más débiles a las empresas del Estado en la competencia con el sector privado transnacional o reducen la inversión pública a la mínima expresión.

El Parlamento ha visto disminuidas sus potestades y una mayoría arrogante ha vulnerado el derecho de las minorías.

El uso y abuso del mecanismo de leyes de urgencia, la desprolijidad en la aprobación de la ley presupuestal, transgrediendo normas constitucionales, demandan un gran esfuerzo en defensa de la institución parlamentaria como componente imprescindible de la democracia y la división de poderes.

El pueblo debe defenderlo porque es precisamente ahora, cuando aumenta la composición progresista, que se quiere disminuirlo, hacerlo funcionar con barras vacías, con la gelidez de sus mármoles.

Siempre quedarán los mecanismos de democracia directa para desfacer entuertos.

Abramos una cuota de esperanza al 2001, que no agudice la crisis del 2000.

La experiencia de la movilización universitaria demuestra que se pueden obtener avances, aunque insuficientes, con lucha e inteligencia.

Sigamos tendiendo manos que ayudan «abrir puertas entre el corazón propio y el ajeno».

* Alianza Progresista

 

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