Hacer por Evo y Lugo algo más que rezar
El próximo 10 de agosto el pueblo boliviano irá a las urnas para participar del referendo revocatorio. El 15 de agosto Fernando Lugo asumirá la presidencia de Paraguay. Las dos serán instancias trascendentes y definitorias para dos países que han vivido por décadas en la miseria y la frustración. En ambos casos se intenta dejar atrás la prepotencia de los más poderosos, quienes se han enriquecido a costa del sufrimiento de sus pueblos.
En Bolivia la ciudadanía definirá la continuidad o no, en sus mandatos, del presidente, vicepresidente y de los prefectos del país. Lo que está en juego es la política de rescate de la dignidad nacional que llevara adelante el presidente Evo Morales desde que asumió la presidencia de la República.
De frustrarse este proyecto, la restauración oligárquico-racista de la derecha, pondrá en peligro la paz social y el proyecto progresista de los bolivianos, que es imprescindible para el avance de toda Latinoamérica.
Por su parte, la asunción de Fernando Lugo a la presidencia de Paraguay, marcó un momento histórico en un país que desde 1954, cuando se instaló la dictadura de Alfredo Stroessner, sufrió una parálisis casi total, donde lo único que se desarrollaba era la corrupción, el contrabando y el narcotráfico. Como escribió el cubano Jorge Gómez Barata «El fin de la dictadura de Stroessner fue resultado de un ajuste político al interior de la oligarquía que dejó intactas las estructuras de dominación tradicionales y que no obstante, sirvió como una especie de narcótico que al promover algunas esperanzas mínimas, actuó como elemento paralizante que coadyuvó a la desmovilización social».
«Tales circunstancias agregó fueron agravadas porque, además de cosméticos, los cambios iniciados con la salida del poder del dictador coincidieron con la etapa de auge del neoliberalismo impuesto a la América Latina y que anuló los esfuerzos y, en lugar de aportar soluciones, agravaron considerablemente los problemas estructurales de la región. Cuando en unas semanas Lugo asuma la presidencia, Paraguay habrá dado un paso de siete leguas que tal vez le permita saltar sobre doscientos años de iniquidad y medio siglo de estancamiento».
«Con todo y sus complejidades, la actividad política, no es donde se concentran los mayores y más inmediatos desafíos ni donde se agrupan las urgencias y las prioridades que se encuentran en la vida económica y en la esfera social. Vencer la resistencia de la oligarquía, que puede ser feroz y enrutar su administración por los difíciles caminos de la lucha contra la pobreza, la falta de atención médica, el analfabetismo, la carencia de oportunidades que engrosa las filas de los emigrantes, la exclusión y la discriminación, son esferas en las que deberá avanzar con el handicap de contar con magros recursos para hacerlo.
Tal vez, entre las mejores opciones del obispo/presidente está mirar a los lados y al frente donde encontrará a las fuerzas avanzadas como aquellas que en Venezuela, Ecuador, Brasil, Bolivia, Uruguay y otros países, cada uno a su aire y con sus formatos, integran la positiva corriente de cambios que, como una riada, avanza en Sudamérica y pueden respaldar su gestión y reforzar su orientación. Lo importante para las fuerzas políticas continentales avanzadas, es constatar el hecho magnifico y prometedor de que otro pueblo latinoamericano se ha puesto de pie y echado a andar y apoyarlo decisivamente. Bienaventurados los que avanzan por la senda del bien y la razón», concluye.
Tanto Evo como Lugo necesitan de la solidaridad latinoamericana. Seguramente por ellos tendremos que hacer algo más que rezar, decimos nosotros.
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