EDITORIAL

Palos porque bogas

Viernes 01 de agosto de 2008 | 4:28
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Y porque no bogas, palos, sentencia el clásico refrán que puede perfectamente bien aplicarse a la realidad de hoy, en que el gobierno debe enfrentar los embates de la derecha.

Siempre hemos defendido desde estas páginas la necesidad de que los partidos del llano ejerzan sin cortapisa su tarea opositora, que critiquen, que señalen yerros, que denuncien irregularidades, que controlen al Ejecutivo. Eso forma parte del juego democrático y es saludable para cualquier régimen liberal en el que la tolerancia y la libertad son los únicos soberanos absolutos.

Pero lo que ha llamado la atención en estos días son las críticas a las modificaciones a la reforma impositiva anunciadas por el gobierno. Se olvida frecuentemente que al debatirse el nuevo régimen tributario que entró en vigor el año pasado, se dejó claramente establecido que las disposiciones contenidas en el texto legal eran perfectibles, y que el gobierno estaba dispuesto a revisar todas aquellas cuya aplicación práctica demostrara errores, lagunas o injusticias.

Y así ha ocurrido, en una muestra de la flexibilidad del gobierno y de su más absoluta ausencia de soberbia. Primero fue la derogación del IRPF a las pasividades y su sustitución por el IASS, nuevo régimen que significó una rebaja sustancial a lo que debía tributar la inmensa mayoría de los pasivos, sin contar que se aumentaba notoriamente el mínimo no imponible. No obstante, buena parte de la derecha fue incapaz, no ya de aplaudir la corrección propuesta por el gobierno, sino ni siquiera de reconocer su voluntad de acceder a los reclamos de los involucrados.

Ultimamente, se han anunciado modificaciones sustanciales en lo que tiene que ver con el impuesto a la renta de los asalariados. Dichas modificaciones recogen buena parte de las sugerencias provenientes de organizaciones sociales, de la Central Sindical y de los partidos de la oposición. Se elevó el mínimo no imponible a una cifra sustancialmente mayor, de modo que quedan exonerados de pagar dicho impuesto muchísimos trabajadores, reduciendo así aun más el número de aquellos que sí deberán tributar. Por otro lado, accediendo también a otra aspiración planteada por la población a través de sus organizaciones sociales, gremiales y políticas, se habilitó la posibilidad de que el contribuyente opte por pagar por núcleo familiar.

Pues bien, estas muestras de flexibilidad y de voluntad política por atender las propuestas de la gente, tampoco generaron respuestas positivas de parte de la oposición. Antes bien, por el contrario, las modificaciones fueron catalogadas de insuficientes o de tibias, y la prensa conservadora se ocupa de minimizar –llegando incluso a ridiculizar– el impacto positivo que tendrá en el bolsillo de la gran mayoría de los asalariados, y no sólo de los más sumergidos. Es más, la decisión gubernamental de aliviar la carga impositiva de los asalariados fue considerada como una “jugada electoral”, como si velar por los intereses de la población respondiera a espurios intereses electorales. La derecha debe terminar de entender que el gobierno actual ha asumido un compromiso muy fuerte con la gente y que no está haciendo otra cosa que aplicar su programa y plasmar en medidas concretas sus ideas de justicia social, de equidad y de dignificación de los humildes.

Por eso lo del título, porque llovieron las críticas cuando se planteó la reforma impositiva, se puso el grito en el cielo y se señalaron errores; pero cuando el gobierno, en una actitud que lo enaltece por su humildad, procede a enmendar esos errores detectados sobre la marcha de la aplicación de la reforma, las críticas de la derecha, lejos de amainar, arrecian.

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