¿Balas o alimentos?
Uno de cada siete habitantes del planeta sufre cotidianamente el drama del hambre, pero mientras los organismos internacionales desesperan por la falta de capacidad para atender este flagelo, la principal potencia mundial, Estados Unidos, junto con sus aliados, gasta miles de millones de dólares diarios en mantener su supremacía militar.
En ocasión de la última cumbre de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en el mes de junio de este año en Roma, Italia, esta organización logró recaudar tan sólo unos 7 mil millones de dólares para paliar la dramática situación que se vive en el planeta, tanto por las desigualdades estructurales como por el alza acelerada de los precios de los alimentos.
Sólo este año, el incremento desmedido de los precios de los alimentos ha generado más de 100 millones de hambrientos, llevando la cifra total de personas con hambre a mil millones.
La mayor parte de estos 7 mil millones de dólares serán entregados en forma fraccionada a lo largo de cuatro años. O sea, unos mil 750 millones de dólares por año, menos de US$ 4 millones 800 mil por día. O sea, menos de cinco centavos de dólar por persona con hambre por día.
Lo que hace a este drama más terrible aún es que el dólar se devalúa casi diariamente, los precios de los alimentos aumentan cotidianamente y cada día más millones de personas se incorporan al ejército de espectros que deambulan sin esperanzas por campos y ciudades en busca de algo que llevar al estómago.
Estados Unidos, y la alianza que dirige en Europa -la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), generan 70,8% del total del gasto militar mundial: casi 850 mil millones de dólares anuales. Sólo la Unión Americana genera 48,6% de ese gasto militar, con 583 mil millones de dólares anuales.
La cifra del gasto en ejércitos y armas de Estados Unidos y sus aliados europeos multiplica por 2,3 veces el total del gasto militar de todo el resto del planeta. O sea, 26 países gastan más del doble que el resto de los 192 países que integran la Organización de Naciones Unidas (ONU).
Parece difícil creer que esta fortaleza en la que se han convertido Norteamérica y Europa tenga algo que temer, aún cuando todo el resto del planeta sumara sus fuerzas, sin embargo, las guerras no se pelean en Europa ni en Estados Unidos.
Los 850 mil millones de dólares que se come la OTAN al año equivalen a más de 2 mil 320 millones de dólares por día que si fueran asignados a paliar el hambre mundial permitirían destinar 2,32 dólares por hambriento por día. O sea, más de 48 mil veces lo que la FAO (de acuerdo con lo recaudado en Roma) destinará por persona y por día a lo largo de los próximos cuatro años.
Ante este cuadro, la Unión Europea promulgó su Directiva de Retorno, que busca expulsar a los millones de muertos de hambre que tratan desesperadamente de escapar de la realidad de la muerte por inanición, dispuestos a desempeñar las más pesadas tareas que, por cierto, los europeos se niegan a realizar.
Mientras tanto, Estados Unidos construye un muro en la frontera con México -que es como decir un muro con toda Latinoamérica-, pone en disposición combativa a su Cuarta Flota y busca implantar nuevas bases militares a lo largo y ancho del continente americano.
¿Será que realmente quienes dirigen estas naciones creen que se puede contener a los miles de millones de pobres y hambrientos del mundo? ¿Será que realmente creen que a sangre y fuego podrán defender sus privilegios?
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