La sombra del Cóndor en la restauración liberal
La restauración neoliberal encontró en Lacalle su caudillo. Desde Miami lo vimos, en CNN, hace unos años, subir al podio en una arenga democrática, ante a un público de anticastristas allí reunidos, juntando fondos para la candidatura de Bush.
El redivivo candidato rosa apuesta a la amnesia colectiva, enfermedad que trataremos de tratar con estas grageas:
1-La entrega de los negocios regenteados por Pluna, que eran dos y complementarios: uno, el servicio como compañía de aviación, actividad universalmente deficitaria, solo viable gracias a los subsidios de los gobiernos, y que aquí se había resuelto en forma muy original. El otro, el servicio de aeropuerto, arrimes de escaleras, transportes de los pasajeros y suministros de abordo, desde alimentos a combustibles. Era el mecanismo inventado por el ingenio uruguayo para que el negocio de aeropuerto ayudara a sustentar nuestra empresa insignia. De tal forma separados los negocios, Varig pudo quebrar el sector vuelos y poner a buen recaudo las ganancias del sector aeropuerto.
2- Segundo, de los brillantes logros de la administración Lacalle fue el dejarnos sin fletes petroleros. Bajo esa administración, nuestra Armada Nacional perdió sus petroleros. Este sistema permitía al Uruguay sustentar el entrenamiento de sus marinos brindando un servicio, ahorrando una sangría de divisas para el país. A partir de esto terminamos comprando al menudeo el petróleo que suministran los distribuidores de las «siete hermanas», que regentean el negocio petrolero a nivel mundial.
3- La liquidación del patrimonio de Ancap: El Espinillar, «vendido» por un diez por ciento de su valor, a «un empresario», que no solo no cumplió con el pago, sino que lo desguazó y armó un ingenio en Paraguay. La destrucción de la planta La Paz, en Colonia, única maltería del Mercosur, fuera del control de la multinacional Seagran.
Privatización de la planta de alcoholes de Ancap, quebrada y vuelta al Estado. Entrega de la Bodega Joanicó al grupo Peirano. Asociación funesta del sector Pórtland con Loma Negra argentina.
4-Para no ser menos que Sanguinetti, que nos dejó sin trenes, destruyó a la empresa mayor de transporte de pasajeros, ONDA, forzando su quiebra, al negarle los créditos que luego generosamente usufructuarían sus competidores, junto con sus líneas, repartidas como bienes de manos muertas. Su flota fue destruida por el abandono en depósitos judiciales, sus bienes malbaratados, sus empleados repartidos como esclavos baratos a un empresariado ávido por abatir los salarios del sector.
5-Mientras el Presidente disfrutaba de una gira por Inglaterra, recorriendo las instalaciones de Seagran, el mayor productor «de aguas escocesas», el cóndor hacía nido en casa de gobierno. En él se vieron envueltos oficiales de su entorno y confianza, previamente prestados a Pinochet, para el operativo Berríos. La subversión de los complotados en el Cóndor expuso a Lacalle y su ministro de Defensa, M. Britos, a un golpe de estado técnico. El fiero cóndor se comió a la paloma blanca.
Luego el partido rosa cerró filas alrededor del Cóndor, en clara señal de silencio a los posibles arrepentidos amparados en la Ley de caducidad. Cuando años después apareció el cuerpo en las arenas de Canelones, se hicieron los distraídos. Fuimos, por una década, el «hazme reír» de los chilenos, hasta que Tabaré dio curso a los reclamos de extradición de la justicia chilena.
No olvidar que los pichones de cóndor son blancos.
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