Diálogo nacional de seguridad social. Resultados

Muchas veces he escrito sobre el tema. ¿Entonces? Es que hay novedades. En 2007 comenzaba el Diálogo Nacional que durante más de diez meses marcó un hito en la materia: por primera vez en la historia del país comenzaba, desde el pique, un proceso de reforma en contacto permanente con trabajadores, empresarios, partidos políticos y organizaciones sociales. Hoy está dando sus frutos. Modificaciones al seguro de paro, adopción de medidas para fomentar actitudes proactivas en la búsqueda de trabajo, generando obligación de capacitarse y contrapartidas comunitarias; atención especial a los mayores de 50 años por ser un sector vulnerable; armonización de políticas de empleo activas y pasivas mediante reformas al subsidio por desempleo para quienes están cerca de los 60 años, etc.

En cuanto a las pasividades, se facilitará el acceso a la jubilación con 30 años de servicios y no 35 como actualmente; se adoptarán políticas flexibles en cuanto al cómputo de años de servicios y de edad, premiando progresivamente si se tienen mejores cálculos que los mínimos exigidos; se analiza la facilitación para acceder a la jubilación por edad avanzada, etc. Quizás como pocas veces en el país se busca armonizar políticas activas y pasivas, con el objetivo del empleo de calidad, y por ende de las jubilaciones futuras.

Desde el inicio existieron aquellos que ven una calamidad en toda oportunidad, escépticos, agoreros, que creen que todo está predeterminado para el fracaso, ignorando que en la vida y en política, peor que el fracaso es no haber intentado nada. Característica no ajena al Uruguay, de tiempo atrás, en términos generales. Un antiguo reportaje a Juan Carlos Onetti realizado por María E. Giglio lo refleja con admirable ironía y claridad. «Mirá piba», le dice el primero: «si Beethoven hubiera nacido en Uruguay hubiera llegado a ser quizás director de la banda municipal de Tacuarembó». En 1928, Carlos Quijano fue llamado profeta del pesimismo por querer combatir esa mentalidad, que se creía el centro del mundo y se autodenominaba elegante y suficiente.

Estoy otra vez hablando de la importancia del diálogo como herramienta determinante de la calidad de las relaciones laborales, de la sociedad y del sistema democrático. Que por otra parte puede impulsar acuerdos de mayor envergadura.

Hoy comienzan a visualizarse resultados concretos, que son a los que sintéticamente me he referido al principio de esta nota.

Lejos estamos de la reforma de 1979, épocas en que nuestros dictadores recibían condecoraciones de Videla y Pinochet en premio por sus heroicas gestas: matanzas, torturas, personas desparecidas, robos. Hasta las revistas de chistes se llevaron, recuerda Marcos Gutiérrez del secuestro de su padre. Quizás por eso admitieron, vergonzantemente, que la reforma a la Seguridad Social la hicieron en cónclaves de tristes recuerdos en Colonia Suiza o Solís, donde decidieron sustituir al BPS por un iluminado general denominado Director General, mandar al tacho de la basura la prima por edad y establecer 7 salarios mínimos como tope jubilatorio. En 1995, en plena democracia, se realizó otra reforma.

Nuevamente alejada de la gente. El P. Ejecutivo apenas si tuvo contacto 20 minutos con la sociedad. No sólo no reparó perjuicios anteriores concretados por los gloriosos héroes cívico – militares de la patria, sino que rebajó prestaciones, aumentó las exigencias, resquebrajó la solidaridad a través del ahorro individual y las AFAP. Tendrían que pasar casi 30 años para que un gobierno, este gobierno, reparara los daños, en algunos casos en forma parcial por ahora, cabe reconocerlo. Pero eso es harina de otro costal. Es sobre el diálogo que quiero insistir, que mal que les pese a muchos, está plenamente vigente, y que el Presidente de la República en la reunión del día 21 de julio con Onajpu, el Ministerio de Trabajo y el de Economía llamó a su continuación.

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