Desde la frontera, en el umbral del cierre de Doha
En la modernidad, las conferencias magistrales ya no son motivo de encuentro y regocijo en cenáculos de iluminados, sino motivos y referencias utilizables en este duro oficio de vivir en competencia. De allí que reiteradamente volvemos en el diario a frecuentar aquella que dos años atrás nos brindara el ex presidente Lagos, cuyo texto transcribiéramos textualmente en uno de nuestros suplementos. En lo esencial, el gran chileno explicaba la fórmula que le permitió a la izquierda chilena no sólo reinsertar al país en el marco de las nuevas relaciones económicas internacionales sino, esencialmente, disminuir las enormes vulnerabilidades externas e internas que padecía Chile, incluyendo las heredadas de la dictadura militar. Esa fórmula consistía en pensar y repensar la política y la economía desde la frontera. Es lo único realmente decisivo para un país chico como el nuestro, resumía Lagos en aquella oportunidad.
La referencia es útil para Uruguay especialmente en este momento, en el cual, los uruguayos estamos sumidos en discusiones y confrontaciones vinculadas a la distribución o nos aprestamos a enfrentar una discusión programática que ya no puede tener los vicios ni liviandades de otrora. Si algo necesita la sociedad y particularmente la izquierda en el gobierno es saber, estar segura, de que la vía que ha de definir y recorrer realza los principios y el mandato histórico pero que, además, saber que es tributaria de la verdad y atenta a las experiencias exitosas de los hermanos. Porque aquello de Lagos, vinculado con esta exigibilidad actual de repensar los programas sin simplismos, converge en un momento muy especial de esa guerra sorda por un comercio más libre y justo en la cual la humanidad se juega parte importante de la convivencia y el bienestar del futuro.
En estas horas la negociación de Doha parece haber cobrado un dinamismo que recuerda aquellos momentos de octubre noviembre de 1993, preámbulo de lo que seis meses después consagrara en Marrakech un estatuto del comercio internacional que no ayudó precisamente a estimular el desarrollo de los países productores y exportadores agrícolas.
Entre el viernes y ayer se habría llegado a un acuerdo para finalizar Doha antes que finalice el año y cuyos textos principales pudieran determinar que los países exportadores netos de bienes alimentarios, debieran enfrentar en el futuro, riesgos de proteccionismo agrícola aún peores que los aceptados tres lustros atrás. Paradójicamente, Uruguay y Paraguay han «sacado los pies del plato» en la jerga ginebrina, denunciando un desenlace negociado en base a transacciones donde muchos, allá y acá, han dejado de lado principios, afectos y pertenencias históricas.
El final aún no está escrito. En cambio este capítulo de adhesión a los principios de la libertad de comercio en una batalla esencial ya ha sido impreso en la historia del multilateralismo: dos pequeños países osan hoy enfrentar desde el sur más remoto una enorme maquinaria de negociación y amenazas que, de consagrarse en los términos que los textos del capítulo agrícola y NAMA (no agrícolas) distribuyera Pascal Lamy el lunes ha de agregar riesgos que probablemente nos obligarán a repensar el país desde aquella visión de frontera con un mundo más hostil. LA REPUBLICA seguirá atenta y cercanamente la evolución de una negociación en la cual, por razones que habrá que analizar con cuidado pero sin temores, hemos quedado no sólo despegados de socios mayores del bloque, sino de los integrantes del grupo de los 20 y Cairns, sólo vinculados a los intereses expuestos con más cautela que Paraguay y nosotros por Nueva Zelanda, desprendida también de Cairns frente a estas definiciones.
Este es un tema de Estado y el gobierno debe proveer la comunicación de lo que se está negociando y los riesgos implícitos que existen. El gobierno ha instruido con valentía a sus negociadores en Ginebra. Es buena hora que, con los recaudos necesarios, la sociedad sepa lo que está en juego y sea convocada a entender cuanto nos costará este final de Doha, así perfilado. Una vez firmado ese preacuerdo final, la irreversibilidad característica de la negociación multilateral condicionará por mucho tiempo nuestra ambición de desarrollo.
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