La esperanza de los frenteamplistas
Marcelo Jorge Filomeno
Finalizado todo este largo período de elecciones e instalación del nuevo gobierno –con aprobación del Presupuesto incluido– la meta de las fuerzas de izquierda está en poder concretar en los hechos la motivación que llevó a la creación del Frente Amplio hace 30 años. Sobre todo en esta época en que se entreveran con facilidad los tantos y –como dicen los politólogos– se tronan cada vez más difusas las fronteras entre izquierda, centro o derecha, en el plano intelectual puesto que en el de los hechos esa conmixtión se sufre con dolor y miseria.
Clamoroso ejemplo de ello –nos parece– es el de que un economista supuestamente «de izquierda» proponga para un eventual gobierno progresista –así lo leímos en el suplemento de LA REPUBLICA— trasladar el eje de la producción nacional a los bytes en sustitución de los ‘kilos en pie’. Software, audiovisuales y publicidad, en sustitución de la carne asegurarían el futuro si no del país, del reducido núcleo que el proponente integra. Se agravia casi de que Jorge Batlle no transite con más fuerza por dicho camino. Este ‘ideólogo’ tiene incluso operadores políticos que, sin votos propios, ocupan posiciones representativas relevantes, por lo cual, en un eventual gobierno progresista sus ideas, si flaquea el liderazgo, pueden llegar a imponerse.
La travesía del desierto
Pero aun dejando de lado las aprensiones que despierta la existencia, en el seno de las fuerzas progresistas, de líneas de pensamiento como la descrita, y sus agentes cubiertos o encubiertos, más la burocracia profesional generadora de sus propios intereses, lo cierto es que una verdadera ‘travesía del desierto’ hacia 2004 ha comenzado ya para los frenteamplistas y progresistas en general, mientras hacen la plancha los viejos y/o nuevos oportunistas.
Plebiscitos, referendos, iniciativas populares, movilización de legisladores, presentaciones en televisión y notas periodísticas de estos, giras propagandísticas, etcétera, tendrán que ser focalizados como centro de atención mientras pasan los años y la coalición rosada impone sus objetivos al país por encima de las aspiraciones de la ‘primera fuerza política’. Hasta cosas tan curiosas como la postulación del señor que aspira a representar a los trabajadores en el Banco de Previsión Social pueden centrar la atención, para cubrir lo principal, de que poco y nada se puede hacer sin tener el Poder Ejecutivo. Ese mismo señor que fue protagonista, al frente entonces de su sindicato, de la campaña para tirar abajo la denominada minirreforma, instrumento que le hubiera dado el gobierno a las fuerzas progresistas ya en 1994, subiéndose al tren de la historia. Posteriormente, tratando de subirse al carro de los cargos, intentó candidatear al inmenso Crottogini, que como un león peleaba contra el balotaje en todos los organismos del Frente. En 1994 y 1999 el Frente Amplio y el progresismo retrocedimos en muchos años de sacrificios. Los burócratas y oportunistas avanzaron en muchos años de posiciones, con algunos rezagados que intentan ponerse a rueda.
Un aporte para la esperanza
Puede venir del Interior, al tenor de las informaciones que poseemos. Más allá de la actualización ideológica –de la cual no conocemos nada– parecería que, en cuanto a prácticas políticas, habrá un cambio de estilo en el relacionamiento e interrelación dialéctica entre dirigencia y militancia, de modo que esta sienta «el aliento en la nuca» de la dirigencia, respaldando la difícil militancia cotidiana en todos los recovecos del país. Ya no se trataría sólo del clásico acompañamiento cíclico a la importante dirigencia montevideana, que llega a cada lado a conversar cronometradamente y a ser agasajada como corresponde.
El aparato dejaría de perseguir a quienes piensan, en cada lugar, con cabeza propia, haciendo realidad las prácticas descentralizadoras y democratizadoras, única forma de poder disputar con éxito a las figuras locales de blancos y colorados. Ello en virtud de que se es consciente de las limitaciones existentes hoy para que un liderazgo nacional ‘tractoree’ todos los votos necesarios para ganar. Como consecuencia de lo antedicho se terminaría con los ‘climas de terror’ impuestos en las internas de varios departamentos, según feliz expresión del corresponsal en Maldonado de LA REPUBLICA, aboliendo de paso esos tribunales de conducta política utilizados por ganadores contra perdedores y que representan una rémora autoritaria intolerable para cualquier fuerza progresista del siglo XXI.
Todo esto y mucho más se tratará de abolir o cambiar, para mejorar, construyendo, como diría Zelmar, un Frente Amplio distinto y, por distinto, mejor…
Queridos frenteamplistas –no los llamo compañeros en virtud de estar proscripto por la interna–: ¡Que la inocencia les valga!
* Analista
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