Mónica, compañera de la vida

Mucho dolor y consternación nos causó la impactante noticia que conocimos, junto a otros compatriotas residentes, en esta fina y angosta geografía a pocos minutos de instalarse en un portal de noticias trasandino.

Ni los treinta y cinco años que han transcurrido desde su desaparición forzada, ni la inmensidad del desierto más árido del mundo pudieron esconder la verdad.

El cuerpo momificado de Mónica Benaroyo Pencu, uruguaya, nacida en Rumania, detenida desparecida durante el brutal golpe militar del 11 de setiembre de 1973, yacía decapitado, envuelto en sus ropas y con vestigios de aquella época en un campo de entrenamiento militar a 25 kilómetros al sur de Arica. La misma marca de cigarrillos que portaba en uno de sus bolsillos –que solíamos fumar en aquellos días de la Unidad Popular– detuvo el tiempo un instante y retrotrajo nuestra memoria al Chile del Presidente Allende que, en distintas edades e intensidades, vivimos Mónica y quien escribe. No tuve el honor de conocerla. Sí supe y conocí del trance vivido por ciudadanos uruguayos que escapaban de la dictadura ya instalada en el infame golpe de junio del mismo año en Uruguay. Eran mujeres y hombres que buscaban tras la Cordillera un refugio contra la opresión. Varios de ellos trabajaron y participaron -por cierto- con profundo compromiso y convicción en la gestación de la llamada vía chilena al socialismo. Algunos, instalada la tiranía y el odio lograron huir de la muerte, cuando la traición se abatió sobre esta dulce patria,ahogando en sangre todo lo que tuviera expresión democrática. El fascismo no perdonó a Mónica, ni a otros uruguayos que fueron sus víctimas indefensas. Es probable que el régimen instaurado por la fuerza haya decretado su expulsión, una vez ejecutada a sangre fría, en los áridos terrenos desde donde regresó del pasado para instalarse como una ráfaga fresca de verdad, que demanda justicia.

Mónica Benaroyo aparece mencionada en el Informe de Investigación Histórica sobre Detenidos Desaparecidos de Uruguay, documento equivalente al local Informe «Rettig». Sin embargo, su incorporación al mismo sólo se materializó en 2007 y su registro es mencionado en el tomo cuarto, anexo ocho, que se refiere a ciudadanos uruguayos desparecidos en Chile. Los efectivos policiales de Arica lograron llegar a la identidad de los restos, gracias a un trabajo de hidratación de la piel con el que se revelaron huellas dactilares. Se trata de un hallazgo trascendental para sus familiares en primer lugar, que, a pesar del enorme dolor de su pérdida recuperarán la dimensión de Mónica, quien podrá descansar en paz, de regreso a su tierra. En segundo orden para la justicia de ambos países, que en Chile y en Uruguay continúa descubriendo evidencias del Plan de exterminio «Cóndor» y finalmente para los ciudadanos de estas naciones, en particular los más jóvenes, quienes muy afortunadamente no vivieron tragedias colectivas de esta magnitud.

Pero la historia la construyen los pueblos, no sus verdugos. Mónica venció la impunidad, el silencio y las circunstancias de su trágica desaparición, que la justicia chilena deberá investigar y esclarecer. Su recuerdo está hoy más presente que nunca. Descansa en paz, compañera de la vida.

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